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Pobreza, migración infantil y derechos humanos

La ruta migratoria está  plagada de desprotección, ofensa a la dignidad e incluso la muerte.
La ruta migratoria está plagada de desprotección, ofensa a la dignidad e incluso la muerte.

Datos del Instituto Nacional de Estadísticas, INE,  revelan que alrededor del 81% de los hogares nacionales cuenta con uno o más miembros que viven en el extranjero.
Colaboración
Javier Zelaya
Pastoral Social Cáritas
Los niños,  niñas y  adolescentes al igual que los adultos, se desplazan dentro o fuera de un país debido a numerosas razones. La principal motivación para la acción migratoria es alcanzar mejores condiciones de vida; escapar a los embates de la pobreza y la estrecha distribución del ingreso,encontrar mejores oportunidades laborales y educacionales y consolidar mecanismos de ascenso social que el país no es capaz de ofrecer.
Muchas familias se desplazan a otras regiones sin importar la distancia y riesgos, huyendo de la violencia y el narco-crimen organizado; la inestabilidad sociopolítica, o, buscando el reencuentro familiar y, muchas veces,  por desastres naturales.
Los niños y niñas ligados a este patrón migratorio suelen ser los más afectados; sumergidos en situaciones de insuficiencia de ingreso familiar y privación de sus derechos a la supervivencia, abrigo, educación, salud y nutrición comparten con los adultos la vía del sufrimiento y humillaciones durante el desplazamiento migratorio hacia los Estados Unidos.
Los menores que emigran sin la compañía de los adultos son particularmente más vulnerables a la explotación, abusos y la trata, o en la mayoría de las veces al trabajo forzado; detención migratoria sin garantías procesales ni protección judicial.
La ruta migratoria está permanentemente plagada de una total desprotección, ofensa a la dignidad, violaciones a sus derechos humanos incluso la muerte.

ENORME DESAFÍO
Actualmente, la situación de vulnerabilidad extrema que viven más de 47 mil niños, niñas y adolescentes hondureños no acompañados, representa una de las principales tragedias humanitarias de Centro América y un desafío para revertir la pobreza, la violencia estructural y poner en marcha políticas sociales incluyentes y redistributivas, capaces de allanar el acceso institucional y comunitario a sus derechos humanos consagrados en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, de la cual el Estado hondureño es signatario desde 1990.
Honduras, según el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos,  Conadeh,  presenta el número de niños y adolescentes migrantes detenidos más alto (13,282 menores de 18 años) con relación al resto de los países de istmo. A mismo tiempo, Honduras es el país más violento de la región.
De acuerdo con el observatorio de la violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, UNAH, la tasa nacional de homicidios fue en 2013 de 79/100.000 h.Vale decir que se produjeron 6, 757 homicidios durante los 12 meses del año anterior, lo que en promedio los hondureños experimentaron horrorosas imágenes de 20 muertes violentas cada mañana, con el creciente temor que la ciudadanía incorpore estas dantescas escenas en el imaginario colectivo.
Las imágenes más horrorosas de asesinatos que llegan a todos los hogares bajo el enorme poder mediático, alimentan el terror y la percepción de miedo en la población, como también pueden enseñar figuras de exterminio del adversario adquiridas como objetos imaginarios del internet, fácilmente realizables ante la impotencia, violencia y ruptura de toda forma de tejido social.
Todo ocurre en un contexto de vergonzosa impunidad e indiferencia estatal que se encuentra impotente ante el crimen organizado.

HOGARES  FRAGMENTADOS
Por otro lado, se estima que alrededor de 1.2 millones de hondureños viven en los Estados Unidos en calidad de migrantes, lo que equivale al 14% de la población nacional.De tal suerte que EUA constituye el  principal país de residencia de los migrantes nacionales.Según una  encuesta realizada por elBanco Central de Honduras ,BCH , un 79.3%, de los migrantes hondureños se dirigen a los Estados Unidos, seguido por España con 6.1%.
Otros 300 mil compatriotas se encuentran distribuidos en Canadá e Italia. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas, INE,  revelan que alrededor del 81% de los hogares nacionales cuenta con uno o más miembros que viven en el extranjero. Enfatizando que los mayores flujos migratorios ocurrieron entre 1998 y 2005. (INE. 2012).
En la historia reciente, la migración se ha convertido en un componente estructural de la vida nacional, incentivada por los beneficios monetarios que genera el llamado “sueño americano”.

REMESAS E ILUSIONES
De acuerdo con el citado estudio realizado a inicios de 2014 por el BCH,afirma que el 75.2% de los entrevistados dijo remitir periódicamente dinero desde su país de residencia a sus familias en Honduras. Más adelante afirma que el monto promedio mensual de remesa enviada asciende a US 363.25 dólares por trabajador en EEUU. La mayor cantidad  de envíos, es decir US $ 404.4 Dólares proviene del 52.2% de parientes hombres entrevistados;  el 47.8% hecho por mujeres que remesaron una media mensual de US$ 318.4 dólares a sus familiaresen Honduras.
Independientemente del patrón por género y cantidad remesada, en términos globales Honduras logró captar en 2013 la suma de US$3,225.00 millones por este concepto, reflejando la mayor tasa de crecimiento (9.0%) por ingresode remesas familiares a la renta nacional.
Esta millonaria cantidad de remesas genera una compleja dinámica de intereses entre grupos, corporaciones e individuos que mediante las transacciones obtienen enormes beneficios que no guardan relación alguna con el aumento de una economía productiva, ni con medidas o políticas de inclusión social. Por el contrario, genera una masa creciente nuevos consumidores de bienes y servicios, cuya consciencia alienada va más allá de satisfacer necesidades básicas familiares.
El negocio de la remesas involucra a personas, sectores e instituciones que obtienen mayores ganancias como el Banco Central de Honduras, los cambistas individuales e institucionales, el sector financiero y bancario nacional e internacional; especuladores de divisas y comerciantes en distintas escalas rubros y actividad.
Las empresas y casas comerciales no escatiman esfuerzo en saturar la oferta mediática de bienes suntuarios, que ha motivado a un hambriento estrato social de compulsivos consumidores de lujosos artículos donde gastan rigurosamente sus ingresos por remesas.
La millonaria cantidad anual percibida por remesas familiares, irremediablemente se concentra en las manos de  financistas, comerciantes, prestamistas, y especuladores, ante la miopía de un Estado incapaz de generar políticas concertadas de inversión de remesas que beneficien el empleo productivo, elevar la capacitación técnica productiva de las familias rurales, comercialización justa; mejorar la oferta de salud y educación con calidad para más de 2 millones de  hondureños que mensualmente reciben significativas cantidades de dólares como remesa.

DERECHOS VIOLENTADOS
La masiva deportación de niños, niñas y adolescentes centroamericanos de los Estados Unido tuvo su máxima revelación durante el primer semestre de este año. Hacia junio, el Conadeh denunciaba la desproporcionada cantidad de 35, 000  menores de edad retornados en calidad de no acompañados. Condición que constituye una flagrante violación a los derechos de protección a la niñez establecidos en la Convención de los Derechos del Niño de la ONU.

Como sabemos la Convención de los Derechos del Niño (CDN), que abarca desde los derechos civiles y políticos hasta los económicos, sociales y culturales, se orienta por cuatro principios básicos:

1) El interés superior del niño.
2) Su derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo
3) El respeto a sus opiniones, pensamientos y formas de participación en asuntos que afectan su vida, lo que implica el ejercicio de principios históricos de constitución de ciudadanía
4) El principio de no discriminación, que significa que cualquier negación o exclusión al disfrute de sus derechos por motivos de raza, origen étnico, género o nacionalidad es inaceptable ante el consenso internacional.
Los derechos consagrados en la CDN son integrales e indivisibles e impulsan un único marco  jurídico, programático y de política integral.  El  Estado, las instituciones, la comunidad, las familias y los individuos comparten la responsabilidad de proteger y promover los derechos de los niños, niñas y adolescentes. La condición de universalidad de estos derechos no sólo supone que se aplican a todos y cada uno de ellos, sino que a su vez se debe prestar atención especial a los que presentan desventajas sociales y enfrentan mayores dificultades para ejercerlos, como se ha dejado ver en los miles de niños, adolescentes y jóvenes expulsados de los Estados Unidos como criminales y agentes nocivos de su ya precaria sociedad.
Los compromisos contraídos por el Estado hondureño en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, instrumento de consenso mundial que entro en vigor en 1989 y otros instrumentos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000) y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979), se dirigen a aumentar las oportunidades y capacidades que les permitan a los niños, niñas y adolescentes acceder a un presente y un futuro sin pobreza y poner fin a la perversa lógica de su reproducción intergeneracional que perpetúa la exclusión, e hipoteca una ciudadanía crítica y limita el relevo generacional del poder centrado en el bienestar de todos los hondureños.

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