21-31 oct Caminar Punto de Vista

Oración en la confusión

Dios pondrá orden en nuestra actual confusión, sin dejarnos caer en los arrebatos que algunos prefieren.

José Nelson Durón V.
Columnista
Un fiscal estadounidense nos llamó narco estado en una Corte de Estados Unidos, llevado por la teatralidad que estimó necesaria para alcanzar el objetivo que buscaba, llevándonos de encuentro a toda la población hondureña. La Enciclopedia Jurídica define el estado como “un agregado de territorio y población organizado en forma política de manera estable y con un ordenamiento jurídico determinado y sancionado por una autoridad”, reconociendo una íntima relación entre territorio y población. Yo no soy narco ciudadano y me niego enfáticamente a aceptar este epíteto. Cuando hablamos de la condición civil de la persona decimos que su estado es soltera, casada o viuda y en su relación con la constitución decimos que su estado es civil, eclesiástico o militar; niego definitivamente que mi pueblo sea narcotraficante y que sea parte de un narcoestado. Una realidad brota inmediatamente y es la evidencia de que la política y sus socios son los responsables de nuestra pobre situación y desean continuarla, con pobres antecedentes a su favor. Fariseos que no terminan de aparentar y mentir. Hay una lucha permanente entre el mal y el bien, una tensión aprovechada por el maligno y sus congéneres para capitalizar ganancias incluso en las peores circunstancias. Esa clase de seres que se ponen de pie para resaltar hipócritamente y hundir a los demás, llevándolos por los abismos del juicio fácil, la especulación y el escándalo, tan fáciles de imitar. Cuando se relaja el espíritu, cae fácilmente el alma en el error y el pecado, por lo que es nuestra preocupación recordarte, estimado lector, que la oración es el tema recurrente de la Liturgia, porque el Señor no hace oídos sordos a la oración de los humildes. Atiende los gritos del pobre, del oprimido, del huérfano o de la viuda, como nos dice también el Señor Jesús, que prefiere la sencilla y sincera oración del publicano antes que la palabrería orgullosa del fariseo. Dios pondrá orden en nuestra actual confusión, sin dejarnos caer en los arrebatos que algunos prefieren.

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