21-31 oct Punto de Vista Reflexión

Honduras cambia si cambiamos nosotros

Monseñor Ángel Garachana escribió con mucho valor que la trilogía nos está matando es eso “corrupción, impunidad e inmunidad” y  es más que cierto.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Estamos terminando el mes de octubre y la solución a nuestras crisis sociales siguen sin encontrar una respuesta por parte de quienes deben resolverlas porque ellos las han creado. Hemos sido testigos de las reacciones de todos los grupos sociales de nuestro ambiente. En su inmensa mayoría los grupos organizados trasladan la responsabilidad de la crisis al presidente de la República y han identificado como la solución a la crisis, su salida.
No me corresponde a mí opinar a ese respecto más allá de señalar que nada de esto nos estaría pasando si no fuese parque se ha irrespetado la ley y eso, más dolorosamente aún, es algo que no es nuevo y no es exclusivo de este gobierno.
Como sacerdote, por mucho que les duela a los más recalcitrantes y fanáticos que tenemos en las distintas facciones de los grupos sociales, hay una obligación moral por hablar. No es afán de generar polémica o tomar partido como si la intención de generar caos, estuviese en la mente de quien debe por su propia vocación procurar la reconciliación y la paz.
Pero, seríamos ciegos si creemos que basta con pedir oración para que se alcance la paz. La paz es una construcción, es un tinglado muy delicado que exige que se luche por ella, que se alcance a palmo. Y antes que salga alguno diciendo que yo estoy mandando a la pelea pues espero que “luche” por no ser tan ingenuo. Ninguna violencia se justifica jamás.
Termina el Mes Misionero Extraordinario y con ello sencillamente comienza una manera nueva de concebir nuestra manera de llevar adelante nuestra pastoral. Sigue siendo urgente que el estado permanente de Misión sea una realidad y no un dato escrito en un papel.
Hay una zona de misión en nuestra Honduras que es de una importancia fundamental: las clases dirigentes.
Alguno ha dicho en estos días que los obispos han perdido el tiempo al hablar pretendiendo que los criminales cambien. A mí me parece que antes que pensar en cambiarlos a ellos nuestro interés es que no cambiemos los que creemos en que todo puede cambiar y debe mejorar.
No aplica bajo ninguna circunstancia que podamos darnos el lujo de consentir que nos roben, o nos sigan robando la paz a la que tenemos derecho.
Monseñor Ángel Garachana escribió con mucho valor que la trilogía que nos está matando es eso “corrupción, impunidad e inmunidad” y es más que cierto. Rasgarse las vestiduras diciendo que la iglesia está atacando es una reacción cobarde y que prueba que lo que se ha dicho es verdad.
Lo que necesitamos es ser conscientes de nuestra responsabilidad histórica y no tener miedo de hacer las cosas que debemos sin faltar a la caridad pero sin vender nuestra libertad y nuestro deseo de que se instale la justicia verdadera en nuestra Patria.

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