Caminar Punto de Vista

Dios tarda, pero no olvida

Apreciemos y disfrutemos las cosas buenas que tenemos sin poner un pero después de cada una, hagamos el papel que corresponde.

José Nelson Durón V.
Columnista
Las incongruencias, que son comidilla y tentaciones diarias, nos hacen caer en juicios no siempre acertados. El mundo desayuna, almuerza y cena con críticas hacia Mr. Donald John Trump, presidente de los Estados Unidos, que prometió a su pueblo arreglar, desde su punto de vista, la inmigración hacia ese país. Derecho indiscutible, de igual manera que lo es franquear la puerta de nuestra casa. Pasa lo mismo con la llovizna pertinaz del juicio del hermano de nuestro presidente, que mantiene un clima de tensión exacerbado por la especulación, el juicio fácil y apresurado, así como la consiguiente caída en el pecado. ¿No es mejor esperar y que sea la justicia quien juzgue y absuelva o condene? Los únicos ganadores son aquel que nos tienta para que pequemos y aquellos que quieren conservarse en las marquesinas del morbo general. Aunque la justicia norteamericana no es perfecta, podemos esperar que brinde resultados provechosos para nuestro futuro cuando sea el tiempo de Dios, no el nuestro. Es una realidad cristiana que nuestra esperanza gira alrededor del “ya, pero todavía no”, que alimenta y sustenta el anhelo de eternidad inscrito en las fibras más íntimas del corazón humano. Al perder la paciencia perdemos también la fe y la esperanza, al mismo tiempo que fallamos contra la caridad y la misericordia, olvidando que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Oremos insistentemente para que se profundicen los cambios innegables logrados hasta ahora, para que en lugar de políticos tengamos servidores públicos, que podamos escoger antes de votar, que mejoren las ofertas políticas, que el poder no sea omnímodo y paguen los que actuaron mal y les sea demostrado. Apreciemos y disfrutemos las cosas buenas que tenemos sin poner un pero después de cada una, hagamos el papel que corresponde, enseñemos y oremos insistentemente, porque la insistencia en la oración no es para convencer a Dios, sino para demostrarle nuestra fe (Papa Francisco) Dios tarda, decimos ansiosos, pero lo seguro es que no olvida.

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