Caminar Punto de Vista

Pobreza y Santidad

Otras pobrezas, propias o autoinfligidas, marcan la personalidad y la historia de cada uno.

José Nelson Durón V.
Columnista
Hay pobrezas diversas: de conocimientos, la de quienes no tuvieron la oportunidad o se la negaron. Material, causada por la omisión y la indiferencia de algunos, que mucho habrá de retenerlos para entrar en la gloria de Dios. Moral, que impide reconocer la diferencia entre justicia y arbitrariedad; respeto y vulgaridad; honestidad y corrupción; masculino y femenino; generosidad y egoísmo. Otras pobrezas, propias o autoinfligidas, marcan la personalidad y la historia de cada uno, como con el Señor Jesús que, siendo Dios, quiso ser hombre y someterse a la humildad, pobreza y soledad; nació en Nazaret, aldea que no pasaba de un puñado de casas, afirman. Siendo la sabiduría, aprendió en la mejor universidad y bajo la tutela de sus maestros: María y José, sus padres, a quienes “vivía sujeto. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,51-52). Enseñaba en las sinagogas y en todos lados, y le decían Rabí o Maestro y “los judíos se maravillaban y decían: ¿Cómo éste sabe tanto sin haber estudiado?” (Jn 7,15). Su inteligencia y espíritu se forjaron en otro de los mejores colegios: el silencio y la soledad. “Un hombre concreto, Francisco, hijo de Pietro y de Pica, se puso en camino bajo el impulso del espíritu; y vivió una experiencia espiritual diferente… Se le juntaron compañeros y siguieron viviendo juntos… y el movimiento fue fraguándose en el troquel de Francisco, a su estilo y medida”. El padre Ignacio Larrañaga se refiere a san Francisco, el pobrecillo de Asís, que adoptó la santa pobreza y dijo a su Obispo: “si tuviéramos propiedades, necesitaríamos armas para defenderlas; queriendo decir que toda propiedad es potencialmente violencia… «Ponía gran interés en que nadie supiera lo que llevaba dentro y no consultaba más que a Dios acerca de su propósito» (1 Cel 16, sic). Es san Francisco de Asís, santo muy respetado por el mundo y fundador de los Franciscanos, cuya memoria celebramos el 4 de octubre.

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