Punto de Vista Reflexión

Mes Misionero Extraordinario III

Nuestro Mes Misionero Extraordinario tiene un nuevo aliciente al darnos la alegría el Santo Padre de recordarnos que parte de ir a los alejados también implica llevar un mensaje de fraternidad.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
El que aún no se ha convencido de lo extraordinario que es el papa Francisco es porque o tiene el corazón paralizado o se la pasa mirando para atrás con un sentido que no es histórico sino paleolítico.
No habíamos ni empezado el Mes Misionero Extraordinario y ya nos ha salido el Papa con otra genialidad: el Domingo de la Palabra de Dios.
Admito que cuando miré la publicación del Motu Propio reaccioné pensando que estaba fuera de tiempo porque creí que la celebración de este Domingo la haría coincidir con el último domingo de septiembre, por aquello del mes de la Biblia, pero en cambio, el Papa, que ha dado más pasos que ninguno en el tema ecuménico y del diálogo ínter religioso, ha querido colocar esta celebración cerca del Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos.
En nuestro ambiente poco o nada hemos podido hacer a nivel ecuménico porque hay muchas ofensas contra la Iglesia de parte de los fundamentalistas y los pentecostales, pero ojalá que esta sea una linda ocasión para aprovechar esa fiesta de la Palabra que nos une a los demás cristianos.
Así que nuestro Mes Misionero Extraordinario tiene un nuevo aliciente al darnos la alegría el Santo Padre de recordarnos que parte de ir a los alejados también implica llevar un mensaje de fraternidad a aquellos que por las razones que sean, se han separado de la comunión querida por el Señor. No es voluntad de Dios, nunca lo será, que existan las divisiones y mucho menos en su Nombre.
Es realmente escandaloso ver como surgen a cada rato y por todas partes, sería interesante tener una estadística de eso, comunidades, iglesias y grupos que se autodenominan cristianos pero que en el fondo son sencillamente intereses mezquinos y pecuniarios los que motivan su surgimiento. El recurrir e invocar que Dios les ha hablado y les ha enviado a eso, es siempre un mecanismo de mercadeo que a leguas se nota que tiene muy buen efecto.
Eso no debe desanimarnos sino al contrario, ser un acicate que nos impulse a superar nuestra comodidad y nos sitúe en la tarea de no callarnos la alegría del Evangelio, que a nosotros nos ha cambiado y determina nuestro sentir y actuar. Por cierto, las visitas de las imágenes de la Virgen de Suyapa y de San Miguel Arcángel que en estos días recorrerán las parroquias de la Arquidiócesis pretenden ser esa fuente de esperanza que nos une en un mismo sentir, en un mismo impulso evangelizador.
Es imposible que con la fuerza de Dios y con la ternura de la Madre, los hijos no nos sinta-
mos motivados, comprometidos a salir de nosotros mismos y llevar el anuncio del Evangelio a aquellos que lo necesitan. Sigo insistiendo que el miedo en este Mes Misionero no tiene cabida. ¡Hay que salir a las calles! ¡Hay que compartir nuestra fe!

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