Editorial

La Iglesia en misión

Editorial del Domingo 6 de Octubre de 2019
La Iglesia en misión
La condición de misionero de todo fiel cristiano, lo lleva a interrogarse para descubrir cuál es su propia identidad cristiana.

El papa Francisco ha pedido a la Iglesia, que, durante este mes de octubre, viva un tiempo misionero extraordinario. Ello tiene su origen en la celebración del centenario de la Carta Apostólica de Benedicto XV denominada “Maximum Illud” en la cual se actualizaba la necesidad de renovar el compromiso misionero de la Iglesia. Ya que nuestra condición de hijos de Dios, no es una cuestión personal, sino que es eclesial.
La Iglesia de Cristo es misionera desde su raíz, Si no lo fuera hace mucho tiempo se habría convertido en una simple asociación, como existen muchas otras, que agotan su existencia, pues pierden su propósito y desaparecen. Mientras que la Iglesia de Cristo se mantiene apelando hoy en día, al corazón de la humanidad, que de ella, recibe vida.
La condición de misionero de todo fiel cristiano, lo lleva a interrogarse para descubrir cuál es su propia identidad cristiana y cuáles son las responsabilidades que tiene como creyente, en un mundo lleno de confusión por tantas ilusiones, herido por las grandes frustraciones y por guerras entre hermanos, cuya injusticia afecta a los inocentes. En esas condiciones nos damos cuenta que, la misión de la Iglesia, busca enseñar a la humanidad entera la transformación de sus vidas, por la fuerza del Evangelio. Porque así las personas de buena voluntad, aprenden a conocer la vida nueva: la que ofrece Cristo Resucitado. Guiados por el Espíritu dador de vida, que confiere al Evangelio, una alegría contagiosa, que transforma el corazón del hombre.
Ser cristiano es el resultado del encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, una orientación decisiva. El Evangelio es una persona que siempre se ofrece e invita a los que lo reciben con fe, humilde y laboriosa, a compartir su vida mediante la participación efectiva de su misterio pascual de Muerte y Resurrección. Es Jesucristo ¡El Señor! Toda persona que tiene un encuentro con el Señor, a través del Bautismo, que regenera a imagen y semejanza de Dios y nos introduce en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por medio del Bautismo llegamos a tener a Dios como Padre y la Iglesia como Madre.
El Papa Benedicto XV en su Carta Apostólica, cuyo centenario celebramos, expresaba que la universalidad divina de la misión de la Iglesia exige la salida de la propia patria y la propia etnia. También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que de acuerdo a su Bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua y su propia Iglesia local. Ellos son enviados a las gentes del mundo que aún no están transfigurados por la acción de los sacramentos de Jesucristo y de la santa Iglesia.
Estos cristianos anuncian la Palabra de Dios, dan testimonio del Evangelio y celebran la vida en el Espíritu, bautizan, llaman a la conversión y ofrecen la salvación cristiana en el respeto a la libertad de cada uno, en diálogo con las culturas y las religiones donde son enviados, en lo que se denomina Misión “Ad Gentes”.
Por una coincidencia, con la celebración del Sínodo especial de los Obispos de la región Pan Amazónica, lleva a destacar que la misión encomendada por Jesús, con el don de su Espíritu, sigue siendo actual y necesaria para los habitantes de estas tierras. Un Pentecostés renovado abre las puertas de la Iglesia para que ninguna cultura esté siempre cerrada a sí misma y que ningún pueblo permanezca aislado, sino que se abran a la comunión universal de la fe. Que nadie se quede encerrado en su propio yo, en la autorreferencialidad de la propia etnia y religión. La Pascua de Jesús rompe los estrechos límites de mundos, religiones y culturas, en el respeto a la dignidad del hombre y la mujer, hacia una conversión más plena a la verdad del Señor Resucitado.
Ya Jesús expresó con claridad la ruta de la misión: “Yo soy el Camino… la Verdad…y… la Vida…nadie puede llegar hasta el Padre si no es por Mí”

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