Homilia

Homilía del señor Arzobispo en la Solemnidad de San Miguel Arcángel

Homilía para el Domingo 29 de Septiembre de 2019
Homilía del señor Arzobispo en la Solemnidad de San Miguel Arcángel
Nuestra Tegucigalpa, nuestra Honduras se siente segura cuando acude a Miguel, el defensor ante las insidias del mal.

Estamos celebrando la Solemnidad de San Miguel Arcángel, patrono de Tegucigalpa y de nuestra Arquidiócesis.
Celebrar significa conmemorar, agradecer, alegrase, por este recuerdo anual que la liturgia nos hace renovar el 29 de septiembre de cada año.
El Arcángel San Miguel aparece con muchas funciones en la Sagrada Escritura y en la tradición: Arcángel de la alabanza de Dios, intercesor, refugio de los pobres, defensor de la Iglesia peregrina.
Su figura aparece relevante y destacada en el capítulo 12 del Apocalipsis, cuando se desarrolló una batalla entre el Arcángel y el espíritu del mal que se había engreído lleno de soberbia olvidándose de Dios.
San Miguel es protector de los fieles, y así como en el Antiguo Testamento se le encomendó el cuidado del Pueblo elegido; ahora le corresponde velar por el nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia.
La presencia de los Ángeles es una verdad de nuestra fe. El testimonio de la Biblia sobre su existencia es tan claro como la unanimidad de la tradición.
Los ángeles son creaturas de Dios. Según las Sagradas Escrituras ellos son mensajeros de la salvación, del amor, de la justicia, del celo de Dios, de la intercesión por nosotros. Significan y realizan la misericordia y la ternura con que Dios sale al encuentro de sus hijos e hijas, actúan cuando Dios lo quiere y lo permite; por eso podemos decir que están al servicio del Padre, para realizar su voluntad; sirven a Jesucristo, su enviado, y ponen de relieve la presencia del Espíritu Santo. Pero dejando en claro que siempre es Cristo el único Señor, mediador y salvador.
San Miguel, como todos los ángeles nos cuida; y la liturgia lo invoca y lo hace sentir cerca, con una mediación activa y eficaz, porque ellos mismos están siempre presentes, en la cercanía de Dios.
La Iglesia reconoció desde muy temprano la devoción de los fieles, las fiestas y templos en honor de San Miguel. Y sobre todo la gratitud manifestada en la devoción y en las obras dedicadas a su nombre.
La devoción y la invocación a San Miguel forman parte de la historia de nuestra ciudad, y estamos ahora participando en esta celebración para invocar su protección y su intercesión, para que seamos creyentes en el Señor Jesús con mayor confianza y con mayor lucidez.
Queremos agradecerle en nuestra Iglesia Catedral que es como la iglesia madre y el punto de convergencia de nuestra iglesia diocesana, tanto por su atención dedicada y solícita de sus sacerdotes, como por la fidelidad ejemplar a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, del Concilio Vaticano II, y a las orientaciones del propio Pastor.
San Miguel recuerda y actualiza la soberanía y el primado de Dios en todo, su mismo nombre “Quien como Dios” indica la supremacía de Dios sobre todo porque de Él proviene todo, en Dios todo tiene sentido, ir hacia Él es el único camino auténticamente humano.
Fuera de Dios podemos ir sin rumbo. Así lo profesamos como creyentes así queremos vivir y también como ciudadanos hondureños proclamamos a Dios fuente de toda razón y justicia. Así nuestra identidad de creyentes esta entrelazada con nuestra identidad como pueblo.
Las lecturas bíblicas que acabamos de proclamar nos muestran nuestra realidad humana la de cada uno y la de todos en la perspectiva de Dios.
En la primera lectura del profeta Daniel los seres totalmente espirituales intervienen junto a Dios, interviene el Señor Jesús, intervenimos nosotros. Esa primera lectura en un estilo simbólico muestra el presente y el futuro de cada uno y de todos.
Aparece un solemne juicio donde está un anciano de vestidura blanca rodeado de un imponente poder. Al desarrollarse el juicio aparece ante una inmensa multitud también imponente alguien al que llaman Hijo de Hombre. Es un ser humano con características sobre humanas y a Él se le entrega el dominio, la gloria, el reinado universal al que se le quedarán sometidas todas las cosas porque él es y será el Señor de todo.
En esta descripción se muestra la historia humana. El anciano es Dios, el Hijo de Hombre la fe cristiana lo identifica con Jesús. Este reinado y poderío de Jesús no es al estilo humano.
Su reino y su poder no son como el de los hombres tal cual lo pensamos y tal cual tal vez a veces lo anhelamos. Su poder no es de un dominio aplastante, su acción no es una lucha de confrontación; por el contrario, ese reinado es servir, es sanar, es cambiar el corazón humano.
Su poder, como el poder de Dios, se ejerce y se realiza en la vida, en vivir y hacer vivir.
La lucha que tiene este Hijo de Hombre, Jesús, no es contra ningún hombre; sino contra los poderes que buscan dividir, esa palabra los poderes esta designando en el nuevo testamento la fuerza como que flota en el ambiente que uno no sabe precisar bien quienes, y como surgen, pero que se van dando y se van consolidando como estilos de conductas, como modos de ver; la lucha que tiene Jesús es contra estos poderes.
Estos son los poderes que terminan por dividir, engañar, destruir y Jesús si tiene algún enemigo personificado es el espíritu del mal, el padre de la mentira, el perturbador, el que divide, el tentador, el que acusa, el diablo.
Por eso la palabra de Jesús referida a los hombres siempre es viva y es para hacer vivir, por eso su opción será reconciliar a los hombres con su Dios y a los hombres entre sí. La opción de Jesús busca rescatar al hombre de la muerte, de la mentira y del engaño que destruye para que pueda vivir en auténtica libertad, para que pueda tener vida eterna (sigue la actitud de Jesús).
San Miguel Arcángel es defensor. Y ante las insidias del mal que tientan a nuestra Honduras, le pedimos que nos proteja.
Protégenos del maltrato de unos para con otros. Que los hondureños sepamos que somos hermanos; que nos tratemos con respeto y con dignidad; que seamos siempre artífices de comunión, comunicación y fraternidad; que sepamos que en el diálogo y a través del diálogo, se llega siempre al mejor puerto. San Miguel Arcángel, conduce a nuestra Honduras hacia el puerto del fortalecimiento de la democracia.
Nuestro país ha recorrido un camino democrático, con sus más y sus menos, pero al final se trata de un camino que ha demostrado ser bueno.
Tenemos que pedir ayuda de lo alto y aquí, en lo nuestro, hemos de ser consecuentes con lo que pedimos a Dios: respetar a las personas, respetar las instituciones, respetar, y por sobre todas las cosas, la institucionalidad de la democracia.
Unos de los rostros de Dios, reflejado en San Miguel, es el de la seguridad. Quien acude a Dios se siente seguro. Nuestra Tegucigalpa, nuestra Honduras se siente segura cuando acude a Miguel, el defensor ante las insidias del mal.
Nuestro pueblo clama en este momento histórico por seguridades, no solamente las venidas de la mano del que es eterna y enteramente fiel. Nuestro pueblo espera que le den seguridades en lo que respecta a su dignidad personal, en lo que se refiere a los servicios de salud y educación. Nuestro pueblo quiere que se le de respeto y seguridad en lo que toca al futuro del país, de la ciudad, de la familia, de la persona.
Dios nos ha respetado desde el inicio de la creación. Sabe de qué masa y barro estamos hechos, por eso se hace encontradizo en nuestro camino. San Miguel arcángel, su enviado, es una manera de hacerse encontradizo.
Quienes rigen nuestro pueblo, quienes gobiernan nuestra ciudad; Quienes administran justicia o legislan para Honduras han de generar confianza, seguridad y respeto a todo nivel en nuestra Honduras.
Un pueblo que no puede confiar en quienes le rigen, pierde la confianza. Sin confianza no hay seguridad; sin seguridad no hay orden; sin orden no hay vida; sin vida no hay amor; sin amor se está matando la obra de Dios. Y en Honduras queremos que, en nombre de Dios, nuestro pueblo viva.
La vida. La vida que es maravillosa, que es espléndida, la vida que con todos los avatares que tenemos vale la pena vivir. La vida que recibimos, que compartimos y que unifica a todos. Y frente a la vida desde el mismo origen humano aparece la muerte, la destrucción y la anulación de la vida. Desde el mismo Caín hasta hoy se va dando cuando el hombre se siente y cree dueño de la vida. No solo de la propia sino hasta la de otros.
Desde Jesús vemos que la vida es un regalo, un regalo inmerecido; nadie se ganó la vida, la recibimos y la recibimos como espléndida riqueza que debe cuidarse, cultivarse. Frente a la vida vivimos también por momentos, por sectores actitudes o propuestas alarmantes, porque descuidamos la vida, la banalizamos, la exponemos y hasta la destruimos.
Hechos que en nuestra vida parecen ir creciendo como la droga asesina, el abuso alcohólico, la banalización del amor reducido a intensas emociones pasajeras, la fragmentación de la familia santuario de la Vida, la falta de una intensa e integral educación para la vida y para el amor tienen como consecuencias heridas, enfermedades y muertes. Todo esto es lo que el Siervo de Dios Juan Pablo II calificó como la “cultura de la muerte” y se está dando entre nosotros.
La consolidación del crimen, del robo, de la mentira, contradice la ley de Dios.
Con San Miguel, puesta la mirada en Jesús, Señor de la historia, tenemos que pedirle que ilumine con la verdad nuestra inteligencia, que cure nuestras voluntades para optar siempre por la vida. Para cuidar, promover, defender toda vida; sobre todo la más frágil, la más indefensa. Que no caigamos en el error y la tentación de querer resolver los problemas muy difíciles que nos aquejan con falsas soluciones que solo los agudizan y aumentan.
Como creyentes, como ciudadanos, tenemos que optar por la vida, por toda vida. Debemos unirnos para erradicar la violencia pero con la observancia de los Mandamientos de la Ley de Dios, de Dios que es Padre de toda vida y de todos. Nos lo pide la Patria cuya Constitución proclama el derecho fundamental a la vida para toda persona humana desde su misma concepción. Pidamos mucho al Señor por todo esto, que dejemos que nuestro corazón cambie con Jesús para cuidar, defender, promover toda vida y con una confianza filial en el Señor tomados de la mano de la Virgen María que sufrió la muerte cruel e inocente de su Hijo, pidamos y pongamos la vida de todos, pongamos en esas manos maternales de la Virgen, en las manos Paternales de Dios la vida de tantas víctimas de todos los atentados contra la vida.

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