2019 Familia

“Entre más ignorante se mantiene Honduras, más rápido lo manipulan”

El Siempre soñó con ser escritor, originario de la Tela Atlántida, creció en los campos bananeros hasta los 10 años.  Mayor de nueve hermanos, padre de seis hijos, él es Eduardo Bahr, un hombre con un apellido de descendencia alemana, que le tocó sufrir en su infancia y salir adelante, hoy es maestro, escritor, actor, guionista, productor de grandes películas hondureñas. Una de las más últimas que participó fue “Morazán”

¿Cómo fue su infancia?

Muy tormentosa, mi padre trabajaba en las empresas bananeras y fue despedido en el proceso de la gran huelga de 1954. Esto nos llevó a ese camino que pasáramos con mis hermanos y mi madre de estar en una posición económica estable, a quedar en una situación de pobreza muy fuerte.

¿Le tocó salir adelante por sus hermanos?

A mis escasos 10 años, venía explorando mi vida y de pronto tocaba enfrentar la realidad, siendo el mayor del primer matrimonio de mí madre. Pero ese panorama me enseñó a buscarle sentido a mi presente sin dar tiempo en renegar, ya que igual mi padre falleció. “A mi corta edad me convertí en hijo, hermano y padre a vez.”

¿Cuáles fueron esos dos episodios fuertes en su vida?

Si, a uno de mis hijos lo mataron en Guatemala, esto por estar en el lugar menos indicado. Y hace unos años igual pierdo a mi segunda esposa a causa de una enfermedad. Pero yo tengo algo bien claro que no soy el único que le toca pasar cosas complicadas y puse los pies en la tierra.  Me tocó dejar de escribir por 17 años para cuidar a mi amada, hice de ella mi musa, mi gran inspiración, toda mi atención se centró en ella.  Pero el desenlace triste llegó, no se logró librar esa batalla y esa historia concluyó. En ese momento “No discutí con Dios para nada y nunca lo he hecho” le hice frente y aquí estoy. Hoy soy un feliz abuelo.

¿Cómo nace esa espina de ser escritor?

Yo era un soñador y como mi cabeza “se llenó de nubes de algodón, tenía tantos personajes en mi memoria,” y mi anhelo era poder plasmar mis historias. Después de esa dolorosa y sufrida niñez, llegué a Tegucigalpa y me brindaron la oportunidad de estudiar en la que hoy es la Universidad Pedagógica Francisco Morazán y ahí desarrollo mi pasión por escribir.

¿Qué disfruta más, el cine o la escritura?

Mi amigo Sami Kafati, me conoce y me da la oportunidad de entrar a la película “No hay tierra sin dueño” ahí aprendí a ser varias personas a la vez, me fascina la actuación, me encanta escribir, pero eso de actuar es mi pasión, ya que siento que lleno de risas, de reflexión a muchas personas.

¿Cuántos libros ha escrito en su trayectoria?

Nunca los cuento, porque siento que el último sustituye al primero. Pero el que no olvido es mi primer ejemplar, que se tituló “Fotografías del peñasco” en ese plasmé todas las injusticias de mi país y que aún se cometen.

¿Cómo fue esa época como director de la Biblioteca Nacional de Honduras?

Llegó de manera inesperada, me caractericé por no figurar, sino para buscar un ambiente agradable, tanto para el lector que llegaba a buscar esos nuevos conocimientos, como para las personas que laboran en el lugar. Creo logre cambiar un poco el sentido de la Biblioteca.

¿Se puede vivir del arte en Honduras?

No, para nada, se lucha por vivir, “El arte existe por admiración, y no por intuición ni explicación”. Yo disfruto ser maestro, ser escritor y lo demás que me ha tocado hacer. Entonces yo vivo de todo.

¿Siendo un soñador, que sueña para Honduras?

Qué se cumpla la palabra más hermosa “libertad” y que el hondureño aprenda a elevar su autoestima, y no seguir con ese pensamiento “que entre más ignorante se mantiene a un pueblo más rápido lo manipulan” pero el hondureño debe soñar y educarse para decir esa frase.

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