Caminar Punto de Vista

Dos patrias


Dios siempre nos da de su pan, envuelto en la solidaridad, trabajo y caridad.

José Nelson Durón V.
Columnista
Feliz día de la patria terrena, hermanos, de cuyo suelo fuimos formados; sobre cuyo suelo Dios, al apretar amorosamente aquel poco de tierra, pensó en Cristo, a cuya semejanza hemos sido creados. Que tu felicidad de este día te dure siempre, con el dulce sabor del agradecimiento y de la certeza de un futuro mejor cuando los cristianos lo sean realmente y comprendan que si Jesús ha dejado huellas en la tierra de su corazón, no hay razón para la desesperanza; si han visto sus ojos, no es posible despreciar, fallar, traicionar, engañar o dañar. Si han sido perdonados y amados, ¿Por qué podrían sentir odio o resentimiento? El bautizado sabe en lo profundo de su corazón que es hijo de Dios y actúa en consecuencia; busca el bien común antes que el propio; no es ambicioso ni corrupto; regula, norma y legisla pensando: ¿Qué haría el Señor Jesús en mi lugar? cuando se trata del interés primordial de esta patria y de sus hijos, a quienes cobija bajo la luz del sol. Feliz fe, hermano, que nos devela la patria eterna, la del cielo.
Aquella en que Guillermo Juan Morado pensó al escribir sobre los árboles del paraíso: los árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal; junto con el árbol de la Cruz, que debería nacer, crecer y fortalecerse en cada corazón que se dice cristiano. Hermanos, en el desierto de la vida, aún en medio de la peor escasez, Dios siempre nos da de su pan, envuelto en la solidaridad, trabajo y caridad; muchas veces en forma de comida indeseable, para que pensemos no en lo que tenemos, sino en lo que nos perdemos cuando nos alejamos de casa para recurrir a nuestras propias fuerzas, en busca de alegrías y seguridades que terminan en falibilidad, desprotección y desamparo. Sin embargo, el Altísimo Padre está a la puerta, atisbando el camino para hacer realidad eterna lo enseñado por el Señor Jesús refiriéndose a la Santa Eucaristía: “Hagan esto en memoria mía” “Y cuando sus hijos les pregunten: ¿Qué significa este rito para ustedes? Ustedes responderán: Es la víctima de la Pascua de Yahvé” (Ex 12,26-27a). Amén.

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