Homilia

“Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y hermanas…”


Homilía del Domingo 8 de Septiembre de 2019
“Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y hermanas…” (Lc. 14, 25-33)
No se puede actuar por simples impulsos, el seguimiento de Jesús no es un fenómeno sensible, no es fruto de la euforia, exige una escucha interior de nuestro ser.

Estas palabras de Jesús son una llamada a la radicalidad en el seguimiento: Jesús nos invita a una adhesión total a su persona. El seguir a Jesús no significa dejar algo, sino haber encontrado a alguien y ese encuentro vital hace que se relativice todo lo demás. Jesús no se dirige a unos pocos, sino a la multitud que le seguía.
Jesús comienza diciendo: “si alguno se viene conmigo”, es decir, el seguimiento, es solo una invitación, Jesús no impone nada a nadie, solo nos invita, respeta siempre nuestra libertad…
En el Evangelio de hoy Jesús hace unas afirmaciones muy fuertes y hasta desconcertantes para nuestra cabeza. Son tres afirmaciones radicales:
La 1ª afirmación dice: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre…”. ¿Qué quieren decir estas palabras? ¿Acaso Jesús está en contra de la familia y nos pide que la dejemos de lado y no nos preocupemos de ella? Resultaría muy extraño que Jesús nos pidiera eso… Sería inhumano y Jesús es la humanidad en plenitud. Eso no es posible. La lengua hebrea carece de comparativos y superlativos y tiene que valerse de exageraciones para expresar la idea. Lo llamativo es que se haya mantenido la literalidad en el texto griego, que dice “misei” (odia). Lo que Jesús nos quiere decir es que el que desea ser discípulo suyo, es alguien que le elige a Él (a Jesús) como valor absoluto de la vida y como la referencia última en todo, por encima de los lazos familiares y la propia vida.
La 2ª afirmación: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”. “llevar la cruz” hace referencia al trance degradante de un condenado a muerte de cruz. El reo tenía que transportar él mismo el travesaño de la cruz. “Llevar la cruz” no quiere decir únicamente vivir con serenidad aquellas dificultades y sufrimientos que no podemos resolver, “llevar la cruz” quiere decir, seguir el camino que Jesús nos enseñó, afrontando con confianza los esfuerzos, y los sufrimientos que comporta este seguimiento y esto puede llegar a hacernos sufrir como Jesús tuvo que sufrir las consecuencias de su fidelidad al Padre… Pero este es el camino que lleva a la vida.
La 3ª afirmación es: “El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. Esta afirmación de Jesús propone un camino de liberación total. La renuncia a todo, lleva consigo la renuncia a seguridades, a prestigio, a poder, a dinero… Se trata de una disponibilidad y una libertad interior para el seguimiento de Jesús; es decir, convertir la propia vida en don y servicio para los otros. ¿Intuimos que el Evangelio es un camino de liberación profunda y de vida plena?
Estas tres afirmaciones subrayan que el seguimiento de Jesús supone una opción radical por él. Pero esto no se puede vivir sin la experiencia de Jesús, el Resucitado, sin haber sido seducidos por la belleza de Jesús y su Evangelio.
El cristiano es aquel que ha sido seducido por la belleza de Jesús y la fuerza liberadora del Evangelio. Ha sido seducido de tal manera que, aún reconociendo el valor de las realidades humanas, la fuente de su vida está en Jesús. No hay nada más bello que encontrase con Jesús. Fue Dostoyevski el que dijo “la belleza salvará al mundo” en la obra El idiota. El príncipe pregunta qué belleza salvará al mundo y la respuesta es: “Cristo, no hay otra belleza en el mundo que pueda salvarlo”, también escribió: “nada hay más bello, profundo, compasivo, razonable, varonil y más perfecto que Cristo”
Nosotros quisiéramos ir un paso detrás de Aquél que, enamorando nuestro corazón, nos despierta posibilidades ignoradas de nuestro ser. Quisiéramos ser seguidores de Aquél que nos ha despertado energías nuevas y nos ha sacado de las zonas sombrías de nuestra vida. Necesitamos poner los ojos en Alguien que nos asombre y nos haga salir de una mediocridad y aburrimiento insoportable. Jesús está aquí, vivo, en la historia de hoy, Resucitado y presente a todo ser humano. Él es capaz de llegar al fondo de nuestro corazón y llenar de sentido el vacío de nuestra vida.
Después, Jesús termina poniendo dos comparaciones, la del que “quiere construir una torre” y la del que “va a dar la batalla”. Estas comparaciones son un toque de atención: son una invitación a pararnos para que nuestro sí a Jesús pueda ser un sí responsable. No se puede actuar por simples impulsos, el seguimiento de Jesús no es un fenómeno sensible, no es fruto de la euforia, exige una escucha interior de nuestro ser. Jesús, quiere decir que no se construye como es debido, ni se combate con posibilidades de éxito si no se tiene en cuenta nuestros recursos interiores. Para lograrlo necesitamos establecer una relación de amor con Él.
El Evangelio de hoy nos confronta con Jesús como valor absoluto y referencia permanente de nuestra vida. ¿Realmente, Jesús es para nosotros el valor absoluto de nuestra vida? ¿Es el Señor de nuestra vida? ¿Podemos decir que hemos elegido a Jesús como lo más importante y bello de nuestra vida? ¿Es el todo de nuestra vida?
Nuestra oración en este día puede ser: Que hoy podamos elegirte a Ti, Jesús Resucitado, es un camino de libertad y de verdadera alegría.

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