Caminar Punto de Vista

La verdad en todo

“Por incomprensible que parezca, Dios es el infinitamente lejano, el increíblemente cercano y el profundamente íntimo”.

José Nelson Durón V.
Columnista
Nos encanta ver y jugar fútbol, cada uno dentro de sus posibilidades, pues es un deporte de contacto físico en que no debe haber mala intención, sin pena de sanciones dispuestas para ennoblecerlo y dinamizarlo. Por desgracia, lo hemos convertido en un teatro en cuyo escenario los actores pasan más sobre el césped fingiendo que jugando; los periodistas son parciales; actores, entrenadores y directivos empresarios enardecen el ánimo del público y se idolatran participantes con habilidades destacables. Algo debe hacerse para recuperar la esencia del fútbol y las características técnicas y tácticas que propicien las cualidades biofísicas de nuestros atletas, como se logra en los otros deportes de lancería, pelota, acuáticos, hípicos y de montaña. Se trata, como en todos los aspectos vitales, de ser auténticos y merecer los éxitos, para volver más seguros y visitados los espectáculos, aumentar las posibilidades de éxito de nuestros “legiona- rios” y cambiar las motivaciones de todos, para terminar de una vez con la violencia deportiva y los fingimientos que empobrecen el deporte.
Las duras palabras del Señor Jesús a sus discípulos: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo”, tipifica al cristianismo frente a las otras cosmovisiones, religiosas o increyentes, al establecer una síntesis a la que deben tender sus fieles: la máxima afirmación de la trascendencia, visto que, “por incomprensible que parezca, Dios es el infinitamente lejano, el increíblemente cercano y el profundamente íntimo”. El misterio de la Encarnación lo fundamenta.
El mismo Señor Jesús demostró y enseñó esta insondable realidad, simultáneamente con la caridad y solidaridad humana, al enseñar que el primer mandamiento es amar a Dios con toda el alma, la mente, el corazón y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo. Amar la verdad, que es el Señor Jesús mismo.

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