Homilia

“Esfuércense en entrar por la puerta estrecha” (Lc. 13, 22-30)


Homilía del Domingo 25 de Agosto de 2019
“Esfuércense en entrar por la puerta estrecha” (Lc. 13, 22-30)
No basta con ser cristiano por el Bautismo; tampoco vale haber enseñado o hablado sobre Dios, si la palabra no ha ido acompañada de un testimonio de vida.

Jesús, en vez de responder a la pregunta sobre cuántos se salvan, lo que hace es confrontarnos con nuestra propia vida. Y lo hace mediante una parábola en la que utiliza la “puerta estrecha” que cerrará el amo de la casa dejando a algunos fuera.
Jesús imagina una muchedumbre que se agolpa junto a una “puerta estrecha” y nos dice que hay que hacer un esfuerzo para entrar por ella y si no, uno corre el riesgo de quedarse fuera. Este esfuerzo por entrar por esa “puerta estrecha”, no quiere decir, caer en un rigorismo agobiante y superficial, sino que, por el contrario, es una llamada a la radicalidad, a cambiar de orientación y a esforzarnos por vivir una vida nueva donde la prioridad está en Dios y en su amor. El verbo griego correspondiente a “esfuércense” expresa la idea de lucha, de combate.
Se trata de una “lucha interior”; una lucha interior para eliminar de nosotros todo aquello que obstaculiza una vida plena. Se trata de una verdadera conversión, una conversión que incide en nuestra conducta que se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, y con el compromiso sincero en favor de la paz y la reconciliación.
Sí, la puerta del Reino es estrecha: “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha” ¿De qué puerta habla Jesús en este pasaje del Evangelio? Ya lo he dicho: de la puerta para el Reino.
Y podemos preguntarnos también: ¿Dónde se encuentra esta puerta? Es cierto que necesitamos esforzarnos por entrar por esta puerta estrecha, pero no se trata de voluntarismo, se trata de escuchar nuestro interior y ahí, es donde encontramos la luz y las fuerzas para seguir adelante.
“Señor, ábrenos, y Él les replicará: no sé quiénes son”. Quiere decir que no valen los privilegios, que no es cuestión de inscripción ni de prácticas religiosas, sino que es cuestión de amor. “No sé quiénes son”, es como si nos dijera: “no tengo nada que ver con Ustedes, con sus ideas, con sus seguridades, con sus mentalidades mezquinas, con sus deseos de grandeza…”. La reacción de los que quedan fuera, es intentar refrescar la memoria del amor de la casa: “Hemos comido y bebido contigo, tú has enseñado en nuestras plazas”. Sin embargo, el amo se niega a reconocerlo: “No sé quiénes son”.
No basta con ser cristiano por el Bautismo; tampoco vale haber enseñado o hablado sobre Dios, si la palabra no ha ido acompañada de un testimonio de vida… No sirve el decir que participó, alguna vez, en la Eucaristía los domingos…
Hay palabras del Evangelio que nos resultan incómodas pero que nos interpelan profundamente… “No sé quiénes son”. No son unas palabras para meternos miedo, el Evangelio es una Buena Noticia; el Evangelio es una alegría y una esperanza. Estas palabras son un aviso serio ante una falsa seguridad en la relación con Dios.
Los que intentamos seguir humildemente a Jesús, necesitamos tomar conciencia de dónde ponemos nuestra esperanza y nuestra salvación; si es verdaderamente en Él, o más bien, en la seguridad que da el dinero, o el poder, el reconocimiento de los otros o en sus propias ambiciones. Necesitamos escuchar bien en este día la advertencia de Jesús: “Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”; es decir, el Reino no es un privilegio y está abierto a todos.
Que hoy podamos caer en la cuenta de que la verdadera puerta estrecha es el seguimiento de Jesús, día a día; ese seguimiento no puede ser un fraude a Jesús y a la gente; necesitamos vivir en coherencia con el Evangelio. Que hoy podamos decirle: “Señor Jesús, Tú nos dices: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha”. Señor, danos la fuerza para vivir de tal modo que, entremos por la puerta estrecha que conduce a una vida plena, llena de sentido y de alegría.