Caminar Punto de Vista

Paz y oración


No perdamos la calma, que ya Dios hará lo conveniente. Tampoco perdamos la oración y las dulzuras de la Misa.

José Nelson Durón V.
Columnista
En la primera lectura de este domingo leímos que “Ebed-Mélek, el etíope, oficial de palacio, fue a ver al rey y le dijo: “Señor, está mal hecho lo que estos hombres hicieron con Jeremías, arrojándolo al pozo, donde va a morir de hambre”, revelándonos que es un extranjero quien debe rescatar a Jeremías, algo muy común entre nosotros. Pasamos denunciando pobreza, injusticia y carencias de todo tipo sin reconocer que todo es causado por los mismos de siempre, que se ensañan en destruir el país y, como premio, la sociedad les encumbra. No es cristiano escribir así, pero sí lo es denunciar la podredumbre que nos tiene como estamos. Después de tomar un café y comer un par de galletas, el jardinero comenzó a sacar con el dedo los residuos de ga- lleta que habían quedado en su taza y a lamerse el dedo; le ofrecí más café y galletas y solo quiso el pan, porque “es para el desayuno de mañana”. Imposible no llorar, imposible no denunciar a quienes han robado y nos han dejado dependiendo de financiamientos extranjeros, mientras siguen des trozando el país en todas partes. Estamos divididos, no solamente por la propaganda fanática y ambiciosa, sino porque la percepción y claridad que nos dan las enseñanzas del Señor Jesús nos permiten discriminar entre la confusión y la mentira. Esta es la guerra que vino a traer el Señor y es deber nuestro discernir apropiadamente para asegurarnos de nuestra propia salud espiritual, meditando “en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de parte de los pecadores, y no nos cansemos ni perdamos el ánimo, porque todavía no hemos llegado a derramar la sangre en la lucha contra el pecado”. No permitamos que nos quiten el cielo al incitarnos a la violencia o al juicio del prójimo por delitos no probados, al estilo implantado por internet. Es cristiano valorar y sólo se valora lo tangible; el chisme y la injuria sin el enemigo. No perdamos la calma, que ya Dios hará lo conveniente. Tampoco perdamos la oración y las dulzuras de la Misa, nada ni nadie vale lo suficiente para perderlas.