Editorial

Derechos de la familia

Editorial del Domingo 18 de Agosto de 2019
Derechos de la familia
En el matrimonio no se pueden tener los mismos sentimientos toda la vida. En cambio, sí se puede tener un proyecto común estable.

El documento “Carta de los Derechos de la Familia” fue elaborado por el Sínodo de Obispos, a petición del papa San Juan Pablo II. El propósito del documento era el de hacerlo del conocimiento de gobiernos, organizaciones y autoridades interesadas, lo cual se realizó en octubre del año 1983. Se trata de tener ideas claras para promover y defender la Institución familiar
El papa Francisco ha expresado: “el amor matrimonial lleva a procurar que toda la vida emotiva se convierta en un bien para la familia y esté al servicio de una vida en común. La madurez llega a una familia cuando la vida emotiva de sus miembros, se transforma en una sensibilidad, que no domina ni obscurece las grandes opciones y los valores sino que sigue su libertad, rota de ella, la enriquece, la embellece y la hace más armoniosa para bien de todos”
Ante todo, cada hombre y mujer tienen el derecho de contraer matrimonio, y fundar una familia, así como, procurar adquirir de manera transparente, los recursos que sean necesarios para satisfacer las necesidades esenciales de sus miembros. El matrimonio, solo puede ser válido cuando existe el consentimiento mutuo y libre de los cónyuges. De esa manera están llamados a compartir la fe religiosa, que convalida la Institución matrimonial. Los esposos tienen derecho a que se respete su libertad religiosa. Por lo tanto, no se puede hacer una imposición de fe, como condición previa al matrimonio.
Los esposos son los únicos que tienen el derecho inalienable de fundar una familia, determinar el esparcimiento de los nacimientos y determinar el número de hijos que desean procrear, tomando en cuenta, los deberes para consigo mismos, para con los hijos ya nacidos, la familia y la sociedad. Todo dentro de una jerarquía de valores y un orden moral objetivo, deben quedar excluidos la contracepción, la esterilización y el aborto. Constituye una ofensa contras la dignidad humana y la justicia, cuando Autoridades Públicas u organizaciones privadas, buscan poner límites a las decisiones de los esposos, acerca del tamaño de su familia. Más bien, la sociedad civil y el Estado deben dar ayuda a las familias necesitadas, en el caso de la procreación y la educación de los hijos, sin que por ello signifique que los padres de familia pierden autoridad sobre la prole. Y es que todos los niños nacidos en el matrimonio, gozan del derecho a la protección social para su desarrollo integral. Se debe considerar el diálogo conyugal, como un privilegiado derecho familiar, para manifestar y madurar el amor entre esposos y con los demás familiares. Es necesario darse el tiempo requerido, para saberse escuchar sin interrupciones, hasta tener la certeza que la persona ha expresado todo lo que quería decir, pues en muchas ocasiones lo que se necesita es ser escuchado, ser tomado en cuenta, saber atender la necesidad de comunicación.
Todo hombre y mujer, tiene el derecho que se le conceda importancia en la vida familiar. Se trata de hacerle sentir que se le valora como persona, que resulta ser agradable, que se respeta su manera de pensar. Es preciso ponerse en su lugar tratando de comprender sus sentimientos, hasta lograr entender que es lo que le apasiona, y a partir de ese descubrimiento establecer una relación íntima con esa persona.
En el seno de la familia, hay que actuar con una actitud de comunión fraterna, para abrir con los demás miembros, espacios de entendimiento, y buscar conciliar las varias diferencias en las maneras de pensar y de sentir, haciendo que se encuentren y que se respeten, pero manteniendo las diferentes formas de asumir el compromiso de alcanzar el bien común, que es una riqueza inapreciable para la vida familiar.
En el matrimonio no se pueden tener los mismos sentimientos toda la vida. En cambio sí se puede tener un proyecto común estable, que mantenga vivo el compromiso de amarse, y saber permanecer unidos hasta que la muerte los separe. El Señor Jesús expresó sobre el amar: “A quien me ame, será amado por mi Padre…Y Yo también le amaré”.

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