Caminar Punto de Vista

Muestra y razón de la fe


Una vez que el pueblo se ha alimentado, se retira al Santísimo, donde espera a los que acuden en busca de ayuda, consejo, fortaleza y paz.

José Nelson Durón V.
Columnista
La crisis que experimenta el cristianismo es más variopinta que la aurora boreal, la falsedad política y el tutifruti, como también las posibles explicaciones en un mundo idolátrico que cae cada día más en la superficialidad; que sobrevalora el desnudo, el sexo, dinero y poder. Vana ilusión y desventura, llama el Eclesiastés a los afanes y trabajos y el Señor Jesús pone el dedo en la llaga: ¿para qué te servirá la riqueza si no te haces rico de lo que vale ante Dios? Necesitamos conversión, que no es de un día. Lo permanente y eterno requiere tiempo; es, la mayoría de las veces, lento, como las cosas buenas; como el gran concierto de la vida en dúo con las cosas creadas. Querámoslo o no, somos solamente una brizna arrojada al viento y debemos entender que nada es nuestro y que todo ha sido creado para todos.
Afirma el Señor Jesús que los de corazón puro verán a Dios, que solo es posible cuando el amor se sobrepone a la fe y a la esperanza, pues solamente el amor prevalecerá. La visión de Dios introduce el alma fiel en la vida eterna, pues viene a través de la fe y es asegurada por la esperanza (Ti 1,2; 3,7); a través del bautismo, esta vida nueva es una realidad donada por el Altísimo Padre, por medio de Jesús, que tiene palabras de vida eterna y habla por Él (Jn 12,44-50). En su primera carta, 5,11-12, san Juan afirma que quien tiene al Señor Jesús, tiene vida eterna. Debemos dar fe de ello con nuestro testimonio, veracidad, honestidad, solidaridad y entereza; dar razón de nuestra fe, doctrina y apego a los Sacramentos, en especial la santa Eucaristía, en que el más grande, el Altísimo Señor irrumpe lleno de gloria, en el más humilde de los altares y en manos del sacerdote y comienza a invitar: Tomen y coman… tomen y beban… ¡no hay mayor gloria en la tierra que ésta! Una vez que el pueblo se ha alimentado, se retira al Santísimo, donde espera a los que acuden en busca de ayuda, consejo, fortaleza y paz.
Por esta convicción, esta certeza, me persigno con reverencia y respeto al pasar por una Iglesia.