2019 Iglesia OCT 2019

5 oraciones de San Alfonso María de Ligorio a la Virgen María

S._Alfonso_IconografiaHoy celebramos a San Alfonso María de Ligorio, fundador de los sacerdotes redentoristas. Un doctor de la Iglesia que desde muy pequeño, sobresalió por su inteligencia. Autor de muchos escritos y se sabe, que fue muy devoto de la Virgen María. Aquí te dejamos cinco oraciones que compuso para la Reina del Cielo:

1.- ORACIÓN A LA VIRGEN PARA ALCANZAR UNA BUENA MUERTE

María, dulce refugio de los pecadores, cuando mi alma esté para dejar este mundo, Madre mía, por el dolor que sentiste asistiendo a vuestro Hijo que moría en la cruz, asísteme también con tu misericordia. Arroja lejos de mí a los enemigos infernales y ven a recibir mi alma y presentarla al Juez eterno. No me abandones, Reina mía. Tú, después de Jesús, has de ser quien me reconforte en aquel trance. Ruega a tu amado Hijo que me conceda, por su bondad, morir abrazado a sus pies y entregar mi alma dentro de sus santas llagas, diciendo: Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía. 

2.- ORACIÓN A MARÍA, REINA MISERICORDIOSA

Madre de Dios y señora mía, María. Como se presenta a una gran reina un pobre andrajoso y llagado, así me presento a ti, reina de cielo y tierra. Desde tu trono elevado dígnate volver los ojos a mí, pobre pecador. Dios te ha hecho tan rica para que puedas socorrer a los pobres, y te ha constituido reina de misericordia para que puedas aliviar a los miserables. Mírame y ten compasión de mí. Mírame y no me dejes; cámbiame de pecador en santo. Veo que nada merezco y por mi ingratitud debiera verme privado de todas las gracias que por tu medio he recibido del Señor. Pero tú, que eres reina de misericordia, no andas buscando méritos, sino miserias y necesidades que socorrer. ¿Y quién más pobre y necesitado que yo? Virgen excelsa, ya sé que tú, siendo la reina del universo, eres también la reina mía. Por eso, de manera muy especial, me quiero dedicar a tu servicio, para que dispongas de mí como te agrade. Te diré con san Buenaventura: Señora, me pongo bajo tu servicio para que del todo me moldees y dirijas. No me abandones a mí mismo; gobiérname tú, reina mía. Mándame a tu arbitrio y corrígeme si no te obedeciera, porque serán para mí muy saludables los avisos que vengan de tu mano.
Estimo en más ser tu siervo que ser el dueño de toda la tierra. «Soy todo tuyo, sálvame» (Sal 118, 94). Acéptame por tuyo y líbrame. No quiero ser mío; a ti me entrego. Y si en lo pasado te serví mal, perdiendo tan bellas ocasiones de honrarte, en adelante quiero unirme a tus siervos los más amantes y más fieles. No quiero que nadie me aventaje en honrarte y amarte, mi amable reina. Así lo prometo y, con tu ayuda, así espero cumplirlo. Amén. Amén.

3.- ORACIÓN A MARÍA, MADRE DE LOS PECADORES

Madre mía amantísima, ¿cómo es posible que teniendo madre tan santa sea yo tan malvado? ¿Una madre ardiendo en amor a Dios y yo apegado a las criaturas? ¿Una madre tan rica en virtudes y yo tan pobre en merecimientos? Madre mía amabilísima, no merezco ser tu hijo, pues me hice indigno por mi mala vida. Me conformo con que me aceptes por siervo; y para lograr serlo, aun el más humilde, estoy pronto a renunciar a todas las cosas. Con esto me contento, pero no me impidas poderte llamar madre mía. Este nombre me consuela y enternece, y me recuerda mi obligación de amarte. Este nombre me obliga a confiar siempre en ti. Cuanto más me espantan mis pecados y el temor a la divina justicia, más me reconforta el pensar que tú eres la madre mía. Permíteme que te diga: Madre mía. Así te llamo y siempre así te llamaré. Tú eres siempre, después de Dios, mi esperanza, mi refugio y mi amor en este valle de lágrimas. Así espero morir, confiando mi alma en tus santas manos y diciéndote: Madre mía, madre mía María; ayúdame y ten piedad de mí. Amén.

 4.- ORACIÓN PARA ALCANZAR EL AMOR DE MARÍA

¡María, tú robas los corazones! Señora, que con tu amor y tus beneficios robas los corazones de tus siervos, roba también mi pobre corazón que tanto desea amarte. Con tu belleza has enamorado a Dios y lo has atraído del cielo a tu seno. ¿Viviré sin amarte, madre mía? No quiero descansar hasta estar cierto de haber conseguido tu amor, pero un amor constante y tierno hacia ti, madre mía, que tan tiernamente me has amado aun cuando yo era tan ingrato. ¿Qué sería de mí, María, si tú no me hubieras amado e impetrado tantas misericordias? Si tanto me has amado cuando no te amaba, cuánto confío en tu bondad ahora que te amo. Te amo, madre mía, y quisiera un gran corazón que te amara por todos los infelices que no te aman. Quisiera una lengua que pudiera alabarte por mil, y dar a conocer a todos tu grandeza, tu santidad, tu misericordia y el amor con que amas a los que te quieren. Si tuviera riquezas, todas quisiera gastarlas en honrarte. Si tuviera vasallos,
a todos los haría tus amantes. Quisiera, en fin, si falta hiciera, dar por ti y por tu gloria hasta la vida. Te amo, madre mía, pero al tiempo temo no amarte cual debiera
porque oigo decir que el amor hace, a los que se aman, semejantes. Y si yo soy de ti tan diferente, triste señal será de que no te amo. ¡Tú tan pura y yo tan sucio! ¡Tú tan humilde y yo tan soberbio! ¡Tú tan santa y yo tan pecador! Pero esto tú lo puedes remediar, María. Hazme semejante a ti pues que me amas. Tú eres poderosa para cambiar corazones; toma el mío y transfórmalo. Que vea el mundo lo poderosa que eres a favor de aquellos que te aman. Hazme digno de tu Hijo, hazme santo. Así lo espero, así sea. 

5.- ORACIÓN DE CONFIANZA EN MARÍA

¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María! Al verme tan vil y cargados de pecados, no debiera atreverme a acudir a ti y llamarte madre. Merezco, lo sé, que me deseches, pero te ruego que contemples lo que ha hecho y padecido tu Hijo por mí; y después me deseches si puedes. Soy un pecador que, más que otros, ha despreciado la divina Majestad; pero el mal está hecho. A ti acudo que me puedes auxiliar; ayúdame, Madre mía, y no digas que no puedes ampararme, pues bien sé que eres poderosa y obtienes de tu Dios lo que deseas. Si me dices que no puedes protegerme, dime al menos a quién debo acudir para ser socorrido en mi desgracia y dónde poder refugiarme o en quién pueda más seguro confiar. Tú, Jesús mío, eres mi padre; y tú mi madre, María. Amás a los más miserables y los andáis buscando para salvarlos. Yo soy reo del infierno, el más mísero de todos. Pero no tienes necesidad de buscarme; ni siquiera lo pretendo. A vosotros me presento con la esperanza de no verme abandonado. Vedme a vuestros pies. Jesús mío, perdóname. María, madre mía, socórreme.

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