Entre Café... Familia

José Juan Castro, Presidente Nacional de Cruz Roja Hondureña


Caracterizado por la transparencia, honestidad y sinceridad inculcada por sus padres, es su estandarte,  que lo ha llevado a convertirse en voluntario en un cuerpo de rescate, como es Cruz Roja Hondureña, donde lleva 37 años de forma ininterrumpida.

¿Cómo llegó a Cruz Roja?

Llegué a visitar a un amigo al sector de La Cabaña, Héctor Elías recuerdo su nombre, y él no estaba, me urgía verlo y fui a Cruz Roja, en Comayagüela, en la primera avenida y cuando comencé a buscarlo me asomé de puerta en puerta para lograr verlo, en eso un instructor me pregunta ¿Qué andas haciendo? Pasa  y siéntate, sin saber que esa era la entrada a una gran institución con muchos voluntarios y con cada día más, que hace el bien no solo en Honduras sino de forma internacional, que se genera por la estructura del voluntariado que enseña bajo principios y valores.

¿Qué simboliza Cruz Roja para usted?

Simboliza un estilo de vida, un motivo de orgullo porque logramos ayudar tan solo el año pasado a más de 400 mil personas, en diferentes temáticas desde atención a migrantes, siembras, temas de salud, gestión de riesgo, sin tintes políticos. Ayudamos porque se necesita sin importar quién es.

¿Cómo ha sido su crecimiento humano y profesional aquí?

Ha sido enorme porque pertenecer a esta organización en un país donde las necesidades son grandes cada momento uno toma una mayor conciencia de lo que está haciendo y sin duda que cuando se busca la forma de colaborar con otros donantes o cooperantes, es muy importante porque sé que a través de fondos estamos ayudando a una amplía cantidad  de personas que son vulnerables cada día en pobreza y en salud.

¿Tiene hijos?

No, no tengo actualmente. Tengo uno en el cielo, en el 2011 me dejó pero me está esperando, tenía 15 años cuando me dejó a causa de un aneurisma, siempre lo recuerdo y es una guía a seguir, por eso es un deseo seguir haciendo el bien a quien podamos porque hay momentos en que llegan debilidades en el pensamiento pero el amor hacia el necesitado  dan esa fortaleza.

¿Se consideró un buen padre para su hijo?

Traté de serlo más que todo, durante el tiempo que Dios me lo prestó por 15 años, fui un padre y principalmente un amigo, algo que ahora muy pocos papás interpretan.  Como dice un dicho “hay que tener amor y rigor” pero también hay que ser amigos de sus hijos, porque los amigos se cuentan, dichas, virtudes pero también sus desgracias y desaciertos, lo que forja esa relación entre padre e hijo. Debemos ser capaces de llamarles la atención cuando están en la adolescencia y juventud.

¿Tras la muerte de su hijo, se  sintió abandonado por Dios?

En algún momento sí y le reclamé mucho y por muchos meses, queriendo saber el ¿Por qué? Si en todos mis años hago el bien, sigo rescatando gente, hasta por medio de otras personas las acciones positivas son conocidas. En ese tiempo estaba confundido pero el mismo Dios me ha dado la fortaleza para seguir adelante y esperar ese momento para reunirme con mi hijo y darnos un fuerte abrazo.

¿Cuál es el milagro más grande que le ha hecho?

Que me haya dado a entender con el pasar de los años las razones de la vida en relación a la eternidad, creo que en lo personal eso lo considero bastante y me permite acercarme a Él, trato de tenerlo como el centro de todo lo que nos representa.

Conozca a Juan

Nació el 22 de noviembre de 1966 en Tegucigalpa, es hijo de Urbano Castro y María Hernández. Ha servido como voluntario de Cruz Roja por 37 años. En 1982 con la visita del Papa San Juan Pablo II sirvió en la cobertura de esa actividad con este cuerpo de socorro.

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