Caminar Punto de Vista

Amar y adorar


La Misa es el momento más delicioso para orar, amar y adorar a nuestro Señor.

José Nelson Durón V.
Columnista
Antonio Hortelano, sacerdote Redentorista, escribió: «Hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta a la contemplación… El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del “desierto” como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara» Hoy, la Liturgia nos muestra a otro campeón de la oración, Abraham, que de manera tan reveladora habla con Dios con el ingrediente más importante que debe tener la oración: confianza. Nacida de la experiencia humana, que eleva el espíritu a alturas inimaginables que lindan con el portal de la morada de Dios y rozan las fronteras de la infinitud, la confianza en Dios es el picaporte de la relación del hombre con la Divinidad y la oración, el atrio por el que el espíritu hace su entrada en la intimidad del Novio amado que aguarda serenamente el alma llamada. El ser humano, llamado a la libertad, es quien se va haciendo a sí mismo; en los distintos atajos que encuentra toma decisiones que forjan su alma para el reencuentro con su Creador y recibe respuestas que sutilmente van orientando su espíritu para el porvenir futuro que no tiene fin. Las leyes sociales, que son expresión de la naturaleza humana, son de carácter general, universal e inmutable; las costumbres, valores y actos, sobre todo los ritos de carácter religioso son la base y el fundamento esencial de la buena existencia humana, sobre todo los brotados de la experiencia del bien común y del bien social. Hace más de dos mil años, el Hijo de Dios, sentado a una mesa con sus más cercanos seguidores, tomó entre sus manos un pedazo de pan y un poco de vino y, de manera que solo Dios pudo hacerlo, declaró que, de ese momento en adelante, cuando se hiciese en memoria suya, estaría Él presente para ofrecer al santísimo Padre con su pueblo, la Iglesia, su dolorosa pasión y muerte, redentora de toda la humanidad. La Misa es el momento más delicioso para orar, amar y adorar a nuestro Señor.