Punto de Vista Reflexión

Lo vulgar como la medida de todo

Sembrar una cultura de paz pasa por tratar a todas las personas con respeto y a los problemas con mucha seriedad.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Que complicado es escribir en un ambiente como en el que estamos sumergido.Hay un nivel de intolerancia y de desconfianza tal, que literalmente: no hay por donde pasar.
Hagamos un recuento lo más honesto y objetivo posible, dado que objetividad total no la tendremos nunca. ¿Qué institución y personas, legítimas y en su sano juicio, no se han pronunciado en contra de las escenas circenses de los miembros de nuestro poder legislativo? ¿Quién no se ha referido a las infinitas manipulaciones, arreglos y corrupción que campea en los pasillos de cualquier institución del Estado?
Si Uds revisan con detenimiento los programas que tienen mayor “raiting” en los medios de comunicación social, son los que más amarillistas son, más vulgares y mediocres. Se crean debates en los que el irrespeto, las palabras soeces y la diatriba son el común denominador. No se comunica, sino que se usa, sin ningún tipo de objetividad, un acontecimiento, para despotricar en contra del que no piensa como la línea editorial, aunque muchas veces la línea editorial de un medio se mide por el tamaño de la boca de sus dueños.
Necesitamos mucha más seriedad en el proceder de todos. Hay una clara vulgarización de todos los aspectos de la vida social. Como diría un amigo, aquí todo lo toman a “changoneta”.
Cuando vemos a los “padres” de la patria comportarse con la madurez de niños de kinder, y cuidadito empiezan a decir que estoy atacando a estos o aquellos porque quiero que quede bien claro, con muy poquísimas excepciones, ese congreso es en prácticamente un 90 % de su accionar, la prueba del nivel de seriedad con el que se trata los problemas del país. Hace tiempo debimos pasar de creer que era una “gracia” lo que hacían, a realmente llenarnos de vergüenza por cómo actúan. Repito, no me refiero a ningún partido en particular, sino a todos, porque es evidente que por defecto o por exceso, todos tienen mucho de lo cual ser señalados como responsables.
La vulgarización de nuestra sociedad está llegando a niveles que se reflejan en el hecho de que seguimos considerando una “gracia” que los niños en las escuelas tengan concursos de “perreo”. Hay una total indiferencia por el respeto de la mujer, de su feminidad y de su dignidad.
Nuestros jóvenes, siguen caminando sin un rumbo fijo, si es que podemos llamarle caminar a lo que les pasa.
Nos sorprende como algunos de ellos logran destacarse en alguna área del deporte o incluso de la ciencia, pero es que el talento humano nuestro o emigra o se vuelve excepción de una regla que duele mucho. Necesitamos, urgentemente, dejar de lado esos tratos denigrantes, necesitamos responder, como lo hacen nuestros medios católicos, con una altura y respeto diferentes.
Sembrar una cultura de paz pasa por tratar a todas las personas con respeto y a los problemas con mucha seriedad.

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