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¿Conocías estos datos de la devoción al Divino Niño?


Este 20 de julio, varias comunidades de feligresía católica se congregan en torno a la devoción del Divino Niño. Una devoción, que se remonta a las primeras comunidades

Desde hace unos 300 años la devoción al Niño Jesús se extendió rápidamente por Europa, América, Asia, África y Oceanía. Entre las representaciones más conocidas se encuentran: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia

En el año 1636, Jesús le hizo una promesa a una monja carmelita del convento de Beaune en Francia, conocida como la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento. Cristo le dijo: “Todo lo que quieras pedir, pídemelo por los méritos de mi infancia, y nada te será negado”.

San Antonio de Padua y San Cayetano fueron muy devotos del Niño Jesús y por eso se les ha retratado llevándolo en sus manos. Incluso el Divino Niño se le apareció en una ocasión a San Antonio de Padua. Otros santos que contribuyeron grandemente a difundir la devoción al Niño de Belén fueron Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

“Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. El objetivo de esta devoción es transformarnos para ser cada vez más como Jesús, reconocer nuestra pequeñez y depender de Dios como niños.

Según la tradición, Cristo iba con su frecuencia a ese lugar a pasear y a rezar con sus padres, José y María, y sus abuelos, San Joaquín y Santa Ana. De ahí que los antiguos narradores cuentan que la devoción al Divino Niño empezó en el Monte Carmelo (Israel) los Carmelitas extendieron esta devoción a todo el mundo.