2019 Iglesia OCT 2019

¿Cuál es el interés de la Iglesia por la Luna?

San Ambrosio señala que “la Iglesia es verdaderamente como la luna: no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”.

Esta semana, el Semanario Católico Alfa y Omega de Madrid, España, reprodujo en su edición impresa un interesante artículo del astrofísico Enrique Solano, sobre el interés de la Iglesia por la luna. Destaca en este escrito que existen 35 cráteres lunares que llevan nombre de jesuitas y se refiere en varios momentos a la luna como el satélite.

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He aquí el artículo de Enrique Solano Astrofísico e investigador del Centro de Astrobiología:

El interés de la Iglesia por la Luna es anterior al vuelo del Apolo XI. Ya en el siglo IV podemos encontrar referencias a nuestro satélite cuando san Ambrosio, doctor y padre de la Iglesia, lo utiliza como símil para esta («la Iglesia, al igual que la Luna no resplandece con luz propia sino con la de Cristo»). No obstante, la orden religiosa más interesada en nuestro satélite ha sido, sin duda, la Compañía de Jesús.

Desde su fundación en 1534, los jesuitas han destacado no solamente por su labor misionera sino también por su actividad cultural y científica, que es entendida como parte fundamental de su evangelización. Una de las disciplinas científicas de especial interés para los jesuitas ha sido la Astronomía.

La Compañía de Jesús es responsable del Observatorio Vaticano, uno de los observatorios más antiguos del mundo. Entre los jesuitas estudiosos de la Luna destaca Giovanni Riccioli (1598-1671), a quien se considera uno de los pioneros de la astronomía lunar. En su obra Almagestum Novum dedica un capítulo a la Luna, que incluye mapas de nuestro satélite que elaboró en colaboración con otro jesuita astrónomo, Francesco Maria Grimaldi (1618-1663).

La principal novedad de esta selenografía es que introdujo una nomenclatura que se sigue utilizando en la actualidad y que usa nombres de personajes de renombre para designar los cráteres lunares. La importancia de los mapas lunares de Riccioli y Grimaldi lo demuestra el hecho de que, durante tres siglos, fueron la obra de referencia para los estudiosos de la superficie lunar. Hasta un total de 35 cráteres de la Luna tienen en la actualidad nombres de jesuitas.

No debemos caer en el error de pensar que, puesto que los jesuitas realizaron numerosos estudios sobre la Luna, ellos mismos pusieron los nombres a los cráteres. Esto no es así. Una de las labores de la Unión Astronómica Internacional desde su fundación en 1922 ha sido precisamente la asignación de nombres oficiales a los cuerpos celestes para evitar este tipo de polémicas.

El hecho de que un organismo internacional independiente de la Iglesia católica haya asignado estos nombres es una prueba más del reconocimiento por parte de la comunidad astronómica de la labor de investigación desarrollada por la Iglesia. Más allá de la denominación de una serie de cráteres o de los estudios científicos realizados sobre nuestro satélite, existe una presencia mucho más cercana de la Iglesia en la Luna y que está íntimamente relacionada con la misión del Apolo XI.

Durante sus horas de estancia en nuestro satélite, además de realizar diferentes labores científicas, los astronautas Armstrong y Aldrin realizaron otra serie de actividades para conmemorar el carácter histórico del viaje. Una de ellas fue el depósito de un disco de silicio en el Mar de la Tranquilidad. Dicho disco contenía mensajes de buena voluntad emitidos por líderes de 73 países del mundo, entre los que se encontraba Pablo VI.

El Papa utilizó el salmo 8 para dar gloria a Dios como creador del Universo. Y, para concluir, una curiosidad. Aunque la ausencia de selenitas hace que el número de feligreses católicos en nuestro satélite sea nulo, si estos existieran tendrían asignados diócesis y obispo: la de Orlando, en el estado de Florida. Y la razón de esto no es otra que la aplicación de uno de los apartados del Código de Derecho Canónico en vigor en 1969 que decía que «cualquier nuevo territorio descubierto debía estar bajo la jurisdicción de la diócesis desde donde partió la expedición». Basta recordar que Cabo Kennedy pertenece a la diócesis de Orlando para entender que dicha diócesis puede considerarse la de mayor extensión de toda la cristiandad.

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