Caminar Punto de Vista

Excipiente del amor

No elegimos para que nos roben, adquieran fama, nos atrasen y nieguen la justicia, salud, paz y trabajo; elegimos custodios de nuestra dignidad.

José Nelson Durón V.
Columnista
El Señor dice: “«Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá»”. Debe ser amada la paz para que reine en una persona, casa o país, dijo el Señor Jesús; es así como hace morada y perdura mientras dure el amor. Muchos dicen amarla, pero la alejan y destruyen con métodos radicales y destructivos del bien común, desmintiendo que sea el deseo de servir lo que inspira sus acciones, que llaman luchas. En presencia de paz no caben las luchas; es más, el cristiano no lucha si en su corazón reina el Señor, si es la voluntad de Dios que reina en su corazón. El hace reinar la paz, excipiente del principio activo del Reino, que es el amor. Es en paz que progresan los pueblos. Familias y personas desarrollan al máximo sus potencialidades y disfrutan e inspiran paz, ¿qué mejor tiempo para amar y respetar?
Justicia, verdad y paz, grandes aspiraciones que está en manos ajenas, porque, o no podemos, o somos indiferentes mientras no nos cala directamente. No elegimos para que abusen. Elegimos para que se administre, dirija, oriente y guíe el camino que deseamos; no para ceder nuestra autoridad en forma de poder; no elegimos para que se hagan triquiñuelas o para implantar ideologías ajenas a nuestra forma de pensar y sentir. No elegimos para que nos roben, adquieran fama, nos atrasen y nieguen la justicia, salud, paz y trabajo; elegimos custodios de nuestra dignidad, seguridad y serenidad. La tecnología debería servir para crear un portal de opinión pública en que se revisen propuestas y programas; donde la academia, Colegios Profesionales, organizaciones sociales y otros, expongan programas de desarrollo y la ciudadanía se manifieste, para que sean elevadas a revisión del Congreso y convertirse en leyes. Una centena de personas manipula nuestras vidas con dudosas actuaciones y ya es tiempo, con la energía de la Conferencia Episcopal, que encendamos esta luz y exijamos su permanencia.

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