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Josué Murillo: “Ser corrupto en Honduras es premiado, hasta por el mismo andamiaje penal”


Desde muy pequeño se acostumbró a acercarse a la gente y a conocer sus realidades. Se ha pronunciado en torno a la corrupción y como con leyes se quiere proteger a personas que han cometido actos reñidos con la justicia.  

Conozca a Josué Murillo
Conozca a Josué Murillo Un joven estudioso y amante de la defensa de los más desposados. Actualmente está cursando su segunda maestría en gestión de proyectos, luego de encontrar que con su carrera como abogado, no le bastaba para llenar su vida profesional. Es por ello que se centra en la defensa de los derechos humanos.

Originario de Tegucigalpa y se crió en medio de un ambiente materno al ser criado por su madre y su abuela después de perder a su padre, lo que lo llevó a ser un amante de las cosas sencillas de la vida, como el arte, la belleza humana y también las relaciones familiares que él considera deben de ser los fundamentales  para salir adelante en la sociedad.

¿Quién es Josué Murillo?

Soy un hondureño comprometido con la justicia social, abogado, experto en derechos humanos pero sobre todo un creyente en los derechos de los grupos más vulnerados de Honduras. Mi madre y mi abuela me criaron en un ambiente que debe considerar que no soy más que nadie.

 

 

¿Qué recuerda de su vida de estudiante?

Pues cuando estaba en la universidad en la carrera de Derecho me preguntaba que quería hacer con esa opción, si mi mentalidad no fue quererme hacer millonario con la abogacía, entonces descubro en el tema de derechos humanos algo que me apasiona porque es donde se puede servirá la gente. Mis estudios han girado en los proyectos dirigidos a los grupos vulnerados.

¿Qué piensa de la labor de la MACCIH?

Siempre creí que era necesario tener un órgano internacional con peso y dientes para combatir la corrupción y de investigar. Lo que obtuvimos fue esta misión que nació sin fuerzas pero que ha tenido grandes intenciones y que se ha visto apoyado por muchas personas comprometidas, y que han descubierto que en Honduras lo que existen son redes de corrupción. El gran aporte que han hecho es que han podido generar una cultura más arraigada de la lucha contra la corrupción, y es por ello que tiene que renovarse su presencia en Honduras para depurar el Estado de los corruptos y corruptas.

¿Se debe de dar rango constitucional al Ministerio Público?

Se puede proponer por parte de la MACCIH, pero los debates deben de ser a lo interno del Estado hondureño y se debe de consultar no solo a la clase política, sino a la academia, a la sociedad civil que ha sido la abanderada de la lucha contra la corrupción. Lo del rango constitucional debe de analizarse con mucho cuidado para no correr a aprobar algo y luego se quiera corregir con una derogatoria.

¿Qué opina del nuevo código penal?

Aquí el problema es que se quieren tomar normas de otros países que obedecen a otras realidades, hacer un copiado y pegado y no tiene nada que ver con Honduras. Ese nuevo código penal lo que quiere en castigar a la persona de pié y favorecer a los corruptos, en otras palabras, ser corrupto en Honduras es premiado hasta por el mismo andamiaje penal.

¿Muchos critican a la policía por no respetar los derechos de los manifestantes?

Hay un uso desproporcionado de la fuerza, debemos ver que ellos están reprimiendo a los que educan a sus hijos en el caso de las protestas del magisterio, a los que atienden en los centros de salud y a los mismos alumnos, las personas que más nos sirven en la sociedad.  A ese grado de brutalidad se ha llegado en Honduras. Yo creo que aquí se necesita un cambio cultural dentro de la policía y que su sola presencia genere respeto por parte de la población. No se ha generado una policía civil y comunitaria.

¿Por qué se ha degenerado tanta la política?

Porque muchos llegan no a servir al pueblo, hay una cultura de que no importa el dolor del pueblo. Un ejemplo es el irrespeto a los migrantes, se tiene un doble discurso, se les dice que no se vayan a la ruta migratoria, pero no se genera la seguridad para que ellos se queden. No se tiene una verdadera voluntad política.