Buenas Nuevas

“Te seguiré…”

PALABRA DE VIDA
El destino de Jesús es la cruz, es su vocación definitiva que abraza plenamente y que en el texto de hoy exige por igual a quienes quieran seguirle.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
Siguiendo los pasos del Señor Jesús durante el año litúrgico, nos encontramos ya en el curso normal del tiempo ordinario, a través de san Lucas vamos tras sus huellas. El relato de este domingo está poco escenografiado, se trata de la llamada de Dios quien llama a quién quiere, cómo quiere y cuándo quiere. Él es el origen de toda llamada y esa Palabra que estuvo al inicio de todo lo creado, sigue ahora obrando a través de elegidos a quienes dirige su mensaje. El relato evangélico inicia con un dicho de Jesús dirigido a un aspirante discípulo anónimo: “Ninguno que haya puesto mano en al arado y luego se vuelve atrás, es apto para el Reino de Dios”. El arado, es el símbolo aquí de un trabajo abandonado por Eliseo como narra la primera lectura. Aquí se convierte en el nuevo trabajo que el apóstol asume, ser un “cultivador”. Pero más adelante Jesús asegura la primera exigencia para el elegido o conquistado por su Palabra: no hay tiempo para la “despedida de los de casa”. Se corta radicalmente con el pasado, sin dilatación o espera. Nos encontramos en un ambiente lleno del fuego, como el de zarza en el desierto, arde pero no se consume. La negativa de unos no acaba con el ardor por llamar a otros. Jesús es en propiedad el modelo de todo elegido-llamado, obediente ha venido por la voluntad de su Padre y se presenta con las más muestras evidentes de haber renunciado a todo para estar disponible única y exclusivamente a la misión del Reino. Él es más pobre que las zorras y los pájaros del cielo que tienen madriguera o un nido. De aquí que tenga toda autoridad dada por Dios y por su opción de vida, que pueda señalar a los llamados un desapego total por la su causa, que implique incluso que los “muertos entierren a sus muertos”.
El destino de Jesús es la cruz, es su vocación definitiva que abraza plenamente y que en el texto de hoy exige por igual a quienes quieran seguirle.

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