Homilia

“Denles ustedes de comer” (Lc. 9, 10-17)

Homilía del Domingo 23 de Junio 2019
“Denles ustedes de comer” (Lc. 9, 10-17)
En esta Fiesta, tenemos que preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a poner en común “nuestros cinco panes y nuestros dos peces”?

Los discípulos se acercan a Jesús para decirle: “Despide a la gente para que vayan a las aldeas a buscar alojamiento y comida”. Pero Jesús no comparte su deseo… Jesús tiene otra visión de la realidad. Por eso, les contesta: “Denles Ustedes de comer”. La negativa de los discípulos se reviste de sentido común: hablan de lo poco que tienen y de la necesidad de comprar. Sus categorías son las de la sociedad injusta que Jesús cuestiona. “No tenemos más que cinco panes y dos peces a no ser que vayamos a comprar.”
Según los discípulos, la gente tendría que comprarse algo para comer. Jesús, sin embargo, les invita a sustituir el “comprar” por el “compartir”. Eso significa que tienen que cambiar las relaciones entre nosotros y las relaciones entre nosotros y las cosas. El problema del pan para todos es problema nuestro, no sólo de los hambrientos. El esquema del comprar crea afortunados y desafortunados: algunos tienen mucho, demasiado, otros poco, otros nada. Necesitamos pasar del comprar al compartir. Hoy millones de seres humanos que se acuestan todas las noches con hambre.
Necesitamos concientizar a los señores del poder y de las finanzas para que hagan lo posible por darle también a la gente, trabajo o una oportunidad para que desarrollen sus capacidades y también, abrirles horizontes de esperanza. El neoliberalismo globalizado, por afán del beneficio rápido y desmedido, desintegra culturas y religiones. Jesús no despide a la gente, sino que mandan que se sienten en grupos…
Dice el evangelio que Jesús: “tomó el pan, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio”. Se amontonan los verbos, quiere decir que este gesto es muy importante: sólo cuando reconocemos que nuestros bienes son don del Padre a la Humanidad, podemos ponerlos al servicio de los demás. No es posible reconocer sinceramente a Dios, como Padre de todo y fuente de nuestros bienes y seguir acaparándolos egoístamente, desentendiéndonos de los pueblos hambrientos y de los que viven hundidos en la miseria. La vida no se nos ha dado para hacer dinero y consumir compulsivamente, sino para hacernos hermanos y hermanas. La vida consiste en aprender a colaborar en la humanización de nuestro mundo, empezando por nosotros mismos.
“Y se los dio a los discípulos para que se lo sirvieran a la gente” … Jesús, al tomar los cinco panes y los dos peces, dar gracias y repartirlos, da una respuesta innovadora a las objeciones sobre la falta de dinero y la escasez de alimento para poder saciar el hambre de todos. Se trata de la respuesta del amor generoso del Padre, que, a partir de poco, sacia nuestra necesidad sobreabundantemente.
El Evangelio de hoy subraya la importancia de la solidaridad humana para resolver problemas que parecen no tener solución. Sin solidaridad hay cuestiones que nunca se solucionarán. Sí, el Evangelio de hoy, nos invita a “globalizar” la solidaridad, el amor y el compartir. Dios quiere que todos vivan y puedan alimentarse hasta saciarse.
Hoy celebramos la Fiesta del Corpus Christi, la Fiesta de la Eucaristía. Al pronunciar la Acción de Gracias sobre el pan y el vino en la Eucaristía reconocemos que todo bien de la tierra es don del amor generoso de Dios y, por tanto, quedan liberados, de la ambición de poseer para que los bienes tengan un destino universal, (los bienes de la tierra son para todos). Cada vez que celebramos la Eucaristía nos disponemos a compartir nuestra vida y nuestros bienes.
En un mundo donde el hambre, la injusticia y el ansia de acumular bienes están tan presentes en nuestras sociedades, hemos de afirmar que la Eucaristía tiene una dimensión social y nos pide crear las condiciones de una nueva sociedad. Sólo si la Eucaristía es celebración del amor y del compartir, puede considerarse memorial de Jesús, memorial de su amor. La Eucaristía es subversiva, socaba nuestro egoísmo, mina nuestra complicidad con la injusticia y nos enseña a mirar el mundo con la mirada compasiva de Jesús.
En esta Fiesta, tenemos que preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a poner en común “nuestros cinco panes y nuestros dos peces”? ¿Tenemos el valor para perder nuestros panes y nuestros peces y entregarlos al Señor para que puedan vivir muchos?
En cada Eucaristía celebramos la Resurrección de Cristo que proclama el poder invencible del amor y la compasión capaz de cambiar radicalmente el curso de la historia humana.
Por eso, en nuestra oración hoy podamos decirle: “Señor Resucitado, gracias por tu Presencia entre nosotros y porque en este gesto nos enseñas a compartir nuestra vida y nuestros bienes.

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