2019 En el Mundo Iglesia

Corpus Christi, Fiesta de Dios


La celebración de la Eucaristía es el eje vertebrador de la vida de la Iglesia. El centro de la Santa Misa es la Plegaria Eucarística en la que recordamos el sacrificio de Cristo entre gracias y alabanzas a Dios.

El centro de la Santa Misa es la Plegaria Eucarística en la que recordamos el sacrificio de Cristo entre gracias y alabanzas a Dios. Y el culmen tiene lugar en la Sagrada Comunión, donde Cristo nos entrega su ser mismo. Y los bautizados tenemos el gran privilegio de comer y beber su Cuerpo y su Sangre.

Con este gesto tan hermoso, en cada liturgia eucarística, Cristo alimenta y forma de manera permanente a su Iglesia en su peregrinación hacia el cielo prometido. Antes de recibir la Sagrada Comunión, el sacerdote anuncia de manera alegre y con palabras sencillas que vamos a recibir al Señor: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

En muchas ciudades y pueblos del mundo hoy se paseará en procesión la figura del pan. Es un día para encomendar al amor misericordioso en Cristo nuestra comunidad de vecinos, nuestro pueblo, nuestra ciudad, nuestra parroquia, nuestras calles, nuestro lugar de trabajo… en definitiva, nuestra vida cotidiana.

¡Señor, gracias por tu presencia ante nosotros en  el Sacramento de la Eucaristía! ¡Señor Jesucristo, gracias porque te nos ofreces de manera tan admirable y porque te quedas entre nosotros de forma tan amorosa! ¡En tu solemnidad deseo exaltar y glorificar la presencia de tu Cuerpo, de tu Sangre y de tu Divinidad! ¡Ayúdame a creer más en ti, Señor, por eso te pido que aumentes mi fe! ¡Señor, no solo eres el pan vivo que me alimenta, eres mi refugio, mi esperanza, mi fortaleza, mi consuelo!  ¡Bendito y alabado seas, Señor!.