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Conozca algunas explicaciones sobre la misa

La fuente y cumbre de todo lo que hacemos como católicos es la Eucaristía. Jesús dijo “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Juan 6,51).

Cada postura tiene su significado

Sentados| Nos sentamos para la escucha activa y atenta, sirviendo todos nuestros sentidos a las lecturas y la homilía.

De pie| Nos levantamos para escuchar el Evangelio. Reconocemos que estamos en la presencia de Cristo, ya que el Evangelio es la Palabra de Dios que nos habla en el presente. Permaneciendo así de pie en honor y respeto a Él. Por otro lado, al estar de pie demostramos nuestra unidad en la oración como Cuerpo de Cristo.

De rodillas| Arrodillarse es una postura penitencial y reverencial. Reconocemos nuestra naturaleza pecadora y nuestra necesidad de la sanación de Dios, por lo que nos arrodillamos ante la presencia Real de Cristo en la Eucaristía pidiendo por esa sanación.

¿Por qué nos hacemos la señal de la cruz antes de la lectura del evangelio?

Antes de leer el Evangelio, cuando la comunidad se encuentra de pie y lista para escuchar, nos hacemos la señal de la cruz en la frente, los labios y el corazón; esto significa que estamos diciéndole a Dios que conservaremos siempre el Evangelio en nuestras mentes, en nuestros labios y en nuestros corazones.

Es un recordatorio físico para nosotros de que necesitamos no sólo escuchar el Evangelio, sino vivirlo cada día de nuestras vidas y muchos, solo hacen un “garabato”, dice el Papa Francisco, desconociendo su significado

Universalidad| Una de las mejores cosas de la misa es que la forma en que se hace en un lugar, es de la misma manera que lo hacen en todas partes del mundo. Desde las oraciones que decimos hasta las lecturas bíblicas que se leen, las posturas y respuestas con las que participamos en ella, está todo planeado y es uniforme en todos los idiomas. Hay fluidez, belleza y consuelo para el cansancio y las preocupaciones.

En la Última Cena, Jesús tomó el pan y el vino, los bendijo y dijo: “Esto es mi cuerpo”, “Esta es mi sangre” y “Haced esto en memoria mía.” (Lucas 22).  No es un símbolo para nosotros, es una realidad.

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