Caminar Punto de Vista

Misterio y amor


“Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios.

José Nelson Durón V.
Columnista
A hora parece darnos vergüenza el persignarnos, como si fuese impropio o estuviese pasado de moda. Es por efecto de la persecución que sufren la Iglesia y sus fieles. Pero es la más sencilla y efectiva manera de evangelizar en estos tiempos, en que el Misterio se desdeña por la dificultad de comprenderlo. Persígnate cristiano, que el Dios Trino y Uno espera que lo hagas; el Padre nos creó por el Hijo y en el Espíritu Santo para que vivamos eternamente en amor y felices. El mismo Señor Jesús nos dice: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a Él, y haremos morada en él”. Así, con comas enfáticas lo escribió san Juan (14,23), el poeta del amor de Dios. Y amar a Dios es amar al prójimo, con quien debemos unirnos en Dios como imagen divina. Persígnate al pasar frente a la Iglesia, donde Él aguarda pacientemente en el sagrario que vayas a acompañarle y en la santa Misa a comerle para que vivas para siempre. Persígnate profusamente y con toda conciencia, como una invocación a Dios en todo momento de tu vida.
Hazlo como declaración de amor; como agua que surge de la fuente de tu corazón, imposibilitada de ser contenida; persígnate abandonado en el amor. No lo hagas como los políticos, que hoy se persignan y más tarde lo crucifican en el Congreso o en oficinas públicas; como quienes derraman en las calles su desamor y el odio que carcome nuestra economía; como los que hoy lo juran en la Eucaristía y mañana lo abandonan.
La comprensión total del Misterio de la Santísima Trinidad es parte de las muchísimas cosas que habló el Señor Jesús y que no cabrían en el mundo si se pretendiese escribirlas; de aquellas muchas que dejó de explicar a sus discípulos porque no podrían entenderlas. El amor, la caridad y la misericordia son muestras de Su amor, que Él valora y recompensará abundantemente. “Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios. Y nos ama inefablemente, que es otro misterio”.