Punto de Vista Reflexión

Basta ya (II Parte)

Les ruego que vuelvan a leer estas líneas y díganme: ¿Es culpa de la Iglesia que estos políticos no quieran cambiar?
Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Tengo una pregunta muy honesta antes de comenzar mi columna de esta semana: ¿Cómo escribimos en un país en el que la gente no quiere dialogar y mucho menos leer? Realmente es muy doloroso ver la intransigencia y la terquedad de la clase política. Pero personalmente, lo más difícil es encontrarme con gente que me ha dicho: “ya era tiempo que hablaran”.
Me tomo la molestia de copiarles aquí lo que he escrito en el pasado en este espacio. Espero con esto probar que, callados, no hemos estado. No es culpa nuestra que la mayoría de los detractores sean analfabetas, aunque algunos digan que leen la biblia: En noviembre del 2017 escribí esto respecto de los candidatos. Espero que recuerden que eso fue un par de semanas antes de las elecciones de aquel año y de la crisis que provocó: “En dichos discursos se dice tantas veces, por parte de dichos señores y señoras candidatos, que es el pueblo el que los ha elegido, que se deben al pueblo o que buscarán el bienestar del pueblo. Pero, una vez más: “entre el decir y el actuar, está de por medio el mar”.
La democracia realmente sólo puede ser efectiva cuando el pueblo, está formado por ciudadanos plenamente conscientes y activos. La pasividad y la permisividad, es decir el “dejar hacer, dejar pasar” es el mayor enemigo de un régimen democrático y es la raíz de las autocracias, de las dictaduras”.
Con unas semanas de diferencia había escrito respecto de las ambiciones de los políticos:
“El problema es que aquí, quieren llamar corrupto al ladrón, y la corrupción es mucho más amplia que ese simple factor. Ha habido, una corrupción escandalosa, desde el momento en que, en cualquier gobierno y en cualquier partido, se han dedicado a dividir, a generar odio, a mentir y seguir mintiendo con una pasmosa y descarada complacencia. Se ha despreciado a Dios, al despreciar la oración, ya sea porque se invoca a Dios de manera hipócrita o porque mejor no se ora, para no quedar en ridículo y para invocar la laicidad del Estado. ¿Qué es lo que quiere la clase política? El poder es una novia celosa y posesiva que envuelve todo. Es una droga silenciosa que anula al ser humano con una ilusión fantasiosa y mecánica de bienestar egoísta, que genera una dependencia en la que los adictos jamás se conformarán, porque su avidez no tiene límites”.
Y para cerrar el tema: en enero de 2014 escribí una columna que se titulaba, vea a Ud respetable lector: “¡Basta ya!”. Aquí les copio de nuevo lo que en aquel entonces escribí: “Necesitamos líderes que sean capaces de escuchar, capaces de ver más allá de la línea de pensamiento de su instituto político o del capricho de los dueños de su partido. Necesitamos que todos vayamos más allá de lo meramente funcional para llegar a pensar con sentido patriótico y no individualista”. Les ruego que vuelvan a leer estas líneas y díganme: ¿Es culpa de la Iglesia que estos políticos no quieran cambiar?

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