Homilia

“Mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo al cielo” (Lc. 24, 43-56)

Homilía del Domingo 2 de Junio de 2019
“Mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo al cielo” (Lc. 24, 43-56)
La esperanza cristiana no es la actitud que conduce a desentendernos de los problemas del presente y de despreocuparnos de los sufrimientos de este mundo.
La primera acción de Jesús es conducir a sus discípulos a Betania para, allí congregados levantar sus manos para bendecirles, un acto que añade un toque de solemnidad a todos los hechos que se van a suceder. El evangelista, no nos ofrece las palabras que acompañaban el gesto de Jesús, pero podemos intuir que les advertía de que no quedaban huérfanos por su marcha, sino que les dejaba en manos de Dios.
Antes les ha dicho: “Ustedes son testigos de todo esto” ¿De qué tienen que ser testigos los discípulos? De la muerte y resurrección de Jesús, y de anunciar el perdón de los pecados, en su nombre a todos los pueblos. Pero no es tan claro que los discípulos hayan comprendido este mensaje, de ahí que les pide que antes de emprender nada, esperen a ser revestidos con la fuerza del Espíritu.
El texto dice que “se separó de ellos subiendo hacia el cielo” Casi todo lo que decimos acerca del cielo y de la felicidad en “la otra vida”, resulta para muchos contemporáneos, creyentes o no, algo demasiado lejano y abstracto, un lenguaje extraño que apenas tiene relevancia alguna para la vida de cada día. En el fondo, creemos en el “futuro” con cierta convicción cuando podemos experimentar que ese futuro se inicia ya desde ahora y empieza ya a despuntar, de alguna manera, en el momento presente.
Pero ¿Cómo podemos hoy entender la Ascensión del Señor al cielo? La Ascensión del Señor al cielo es una narración que expresa la culminación de la vida de Jesús. Es “una forma literaria” de expresar la Resurrección de Jesús que en estos días estamos celebrando llenos de alegría. La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Jesús participa de la misma Vida de Dios y, por lo tanto, está en lo más alto del “cielo”. El “cielo” no es un lugar, sino entrar en otra dimensión.
En definitiva, el cielo es la plenitud de nuestra vida humana y de este mundo, la realización plena en Dios, de todas las posibilidades de amor, de paz, libertad y felicidad que todo ser humano lleva dentro. Cada vez que en la tierra hacemos la experiencia del bien, de la felicidad, de la amistad, de la paz y del amor, ya estamos viviendo, de forma precaria pero real, la realidad del cielo. Por eso, lo que se opone a la esperanza cristiana no es solamente la incredulidad y el ateísmo, sino también la tristeza, el desamor, el pesimismo y la desesperanza ante la vida.
La fiesta de la Ascensión significa que nuestro final está en Dios, no en la nada. El final de “este Hombre” Jesús, no fue la muerte sino la Vida. Significa que nuestro horizonte es Dios. Significa también, la sed de Trascendencia de todo ser humano que se realiza plenamente en Jesús Resucitado. Es pues, una fiesta de esperanza: el futuro del ser humano y el futuro del mundo está en Dios. Podrán ir mal las cosas, la política, la economía, las situaciones personales, la institución de la Iglesia, pero la Vida será siempre más fuerte que todo lo que amenaza y dificulta nuestra vida. Estamos invitados a terminar nuestra vida en Dios.
La fiesta de la Ascensión, que hoy celebramos, es una fiesta de esperanza. La esperanza cristiana no es la actitud que conduce a desentendernos de los problemas del presente y de despreocuparnos de los sufrimientos de este mundo.
Pero, ¿Dónde encontrar fuerza, sentido, horizonte, para seguir trabajando por un mundo más humano? ¿Cómo recuperar la esperanza en esa Vida definitiva de la que estamos tan necesitados? ¿No sería necesario que orientáramos nuestra vida desde la fe en el Dios vivo que se nos revela en Jesús y que sólo busca nuestra plena realización? ¿Qué futuro de libertad y humanidad pueden construir hombres y mujeres esclavos de tantas cosas? ¿No necesitamos hoy reencontrarnos con Cristo, que ha venido para que tengamos Vida y la tengamos en abundancia? Sólo quien conoce el destino camina con firmeza a pesar de los obstáculos. Sólo quien se ha encontrado con el Resucitado puede vivir con esperanza.

El Evangelio de este Domingo termina diciendo: “se volvieron a Jerusalén con alegría”. La alegría es una de las principales características de los discípulos de Jesús. La tristeza, el derrotismo, la amargura, se oponen a la esperanza cristiana. En la entraña del mensaje de Jesús está presente la alegría. Dios quiere hacernos partícipe de su alegría haciéndonos descubrir que el valor y sentido profundo de nuestra vida está en ser acogidos y amados por Él. Necesitamos encontrar esa alegría que permanece incluso en los momentos difíciles.

En esta fiesta de la Ascensión del Señor podemos volvernos de corazón a El para decirle: “Señor, gracias a tu muerte y resurrección, todo ser humano tiene entrada en la vida plena, en la alegría sin fin: Concédenos renovar hoy nuestra esperanza.”

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