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Costa Rica se consagrará a la Virgen María

La Conferencia Episcopal de Costa Rica está promoviendo un acto de entrega de todos los fieles a Nuestra Señora este 31 de mayo, día que la Iglesia Universal celebra la Visitación de María a su prima Santa Isabel.  «La Conferencia Episcopal de Costa Rica convoca con sentido afecto y gozosa piedad a todos los fieles católicos de Costa Rica para que el viernes 31 de mayo, en la festividad de la Visitación, realicemos un acto de amorosa y confiada entrega a la Virgen María y pongamos a su maternal cuidado la Comunidad eclesial y a nuestra Patria, con sus problemas y necesidades«.

Según el comunicado oficial de la Conferencia Episcopal, «este acto de entrega tiene como objetivo pedirle a la Virgen María que los acompañe en la vida de cristianos para 2 motivos, uno es que su ejemplo les ayude a vivir mejor en la condición de bautizados y dos para que ella ore, interceda por ellos y Dios les de la fuerza que necesitan».

Una de las principales razones, para realizar este acto de entrega es la realidad socio política que atraviesa este país centroamericano. «Pedimos que en todas las parroquias de nuestra Provincia Eclesiástica tenga lugar un momento de plegaria en el que depositemos nuestra vida en manos de aquella que vela maternalmente por quienes le fueron entregados como hijos (cf. Jn 19, 25-27)» reza el comunicado.

«Queremos exhortar para que nuestro llamado no se asuma a la ligera. Que sea “[…] fruto no de una emoción pasajera, sino una decisión personal, libre, madurada en el ámbito de una visión precisa del dinamismo de la gracia” (Idem). Que todos los fieles que acojan nuestra invitación lo hagan en plena conciencia de la responsabilidad que implica y poniendo toda su confianza en el Señor».

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Este acto de entrega debe realizarse fuera de Misa. Puede hacerse junto a la Liturgia de las Horas,  con un Rosario o con el himno Akathisthos, después de finalizado lo anterior se debe decir la siguiente oración.

Oración para el Acto de entrega a la santísima Virgen María

Madre santa, hemos venido a tus pies para cumplir la profecía que el mismo Señor pronunció por tus labios. Queremos unirnos a todas las generaciones que te han proclamado dichosa, a ti, la humilde sierva nazarena, en quien Dios quiso manifestar la inmensidad de su gloria. Nos unimos a nuestros primeros padres, que oyeron hablar de la madre bendita cuyo retoño vendría para aplastar la cabeza del mal. Nos unimos a los profetas, que supieron animar la fe del pueblo recordando la fidelidad y cercanía de Dios, que tantas veces se anunció y manifestó sirviéndose de la figura de una mujer.

Nos unimos a Isabel, tu pariente, que te reconoció como la creyente auténtica,cuya fe profunda ve cumplidas todas las promesas. Nos unimos al apóstol de los gentiles, que supo reconocerte como signo inequívoco de que había llegado la plenitud de los tiempos, cuando Cristo nos libra de todas nuestras esclavitudes. Queremos hacernos eco de esa multitud de creyentes que por toda latitud y a lo largo de los siglos te han reconocido como bienaventurada; a ti, la esclava que supo humillarse para ser levantada por la mano de su Señor.

Pero de manera particular, queremos hacer nuestras las palabras de tu Hijo, que nos pidió acogerte como Madre,a ti, que al pie de la cruz nos recibiste como hijos. Unidos —entonces— al Verbo que por obra del Espíritu se encarnó en tu seno virginal, te reconocemos como la discípula primera y ejemplar; la que puso por obra esa Palabra que desde siempre guardaba en su corazón; la mujer que cuida con maternal afecto a los hermanos de Jesucristo, mientras en ellos se va realizando la victoria de su Señor. Reconocemos, Madre santa, todas las maravillas que el Señor ha realizado en ti. Recordamos, al mismo tiempo, que tú eres una de nuestra raza; pues aunque fuiste librada singularmente del pecado, eres hija de Adán, como nosotros.

Por eso venimos a entregarnos a ti, a confiarte nuestra vida, para que nos enseñes a recorrer el sendero que tú misma recorriste,y nos ayudes a ser tan generosos como tú en nuestra respuesta al Señor. A ti, que enseñaste a dar sus primeros pasos a quien es Camino para llegar al Padre, te encomendamos los pasos, muchas veces dudosos y  torpes, que damos en el seguimiento de tu Hijo. Te entregamos nuestros temores, para que nos animes con tu discreta compañía, así como animaste a los discípulos que esperaban el Espíritu. Te confiamos nuestras carencias, para que repitas el gesto oportuno realizado en Caná de Galilea, y nos recuerdes que estando presente tu Hijo no hay nada que temer. Tú que te mantuviste en pie junto a la cruz, como la nueva Eva que testificaba la renovación del mundo provocada por la entrega pascual de tu Hijo, enséñanos a tener tu misma confianza.

Enséñanos a ser fieles como tú lo fuiste, para que así demos paso a la acción del Cordero inmolado, que no es vencido por oscuridad alguna. Entonces, con tu maternal ayuda y con tu oportuna intercesión, caminaremos serenos —aún en medio del desierto— hacia la plena consumación del Reino de Cristo; nos mantendremos esperanzados, luchando en todo momento, y, finalmente, podremos decir contigo que el Poderoso ha hecho obras grandes por nosotros. Amén.

 

 

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