Caminar Punto de Vista

Tarea permanente

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará…

José Nelson Durón V.
Columnista
La Iglesia medita sobre la expansión misionera, de tantos frutos en el pasado con el descubrimiento de América y la colonización española y portuguesa, que nos recuerda la película La Misión, de Ennio Morricone, sobre la evangelización jesuita en el extremo suramericano. Película de muchos valores y antivalores, donde predomina el esfuerzo y sacrificios de Sacerdotes y misioneros por inculcar en los indígenas el conocimiento, la fe y el amor a Dios.
La película plantea en sus primeros minutos la grandeza de la misión universal de la Iglesia, concretada en la llamada a evangelizar todos los pueblos; la audacia de los evangelizadores que, arriesgando sus vidas, dejan todo tipo de comodidad para enseñar la verdad del Evangelio a los indios, les dan una cultura y los defienden. En nuestro país hay un pequeño pueblo, La Misión, cercano a Taulabé, Comayagua, fundado allá por 1883 por el Padre Subirana con el nombre San Juan de la Misión. El santo patrón de la comunidad es San Juan Bautista, elegido por el Padre Subirana en el momento en que dio nombre a la comunidad. En el sitio conocido como parque La Pila, el misionero dibujó una cruz con su mano y hundiendo tres dedos en el suelo, hizo brotar agua para el sustento de los pobladores.
Evangelizar a los pueblos y a las gentes, inspirados en las palabras del Señor Jesús: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará… En mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc 16,15ss). Hoy, el Señor revela algo maravilloso: “El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos y haremos morada en él” (Jn 14,23s). Delicia para el que recibe y disfruta la fe; y fruto, preciado en el cielo, para quien evangeliza. “La paz les dejo, mi paz les doy… Que no tiemble su corazón ni se acobarde”.

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