Buenas Nuevas

“Si tienen amor los unos por los otros…”

PALABRA DE VIDA
Sólo por el “amor” vale la pena seguir la aventura de ser discípulos de Jesús hasta el final.
Tony Salinas Avery
Sacerdote
En este domingo nos encontramos con Jesús en la Última Cena, sus palabras nos hacen comprender los sentimientos de su corazón. El gran testamento ante su partida radica en el amor, como la última y más luminosa estrella de todo su mensaje. Todo inicia llamando a sus discípulos “hijos” (es la única vez que este apelativo está puesto en los labios de Jesús) proponiéndoles un mandamiento nuevo. “Nuevo” señala Jesús porque es la cláusula fundamental y única para celebrar y vivir la “Nueva Alianza”. Se trata de un amor recíproco, donde nadie se siente mayor al otro y todos se sienten con la necesidad de ser amados. Nuevo por la medida de este amor, que es el propio Jesús, amar como Él nos ha amado. Así, en Pascua se cumple lo anunciado por el profeta Isaías: “Hago nuevas todas las cosas”. Lo que cuenta la segunda lectura de hoy del Apocalipsis: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva” es ya la realidad vivida desde nuestro aquí y nuestro ahora. Cristo resucitado es la fuente de una nueva vida por la fuerza del amor, que más que un simple sentimiento se convierte en la fuerza dinamizadora, que disuelve la antigua levadura que poseía el mismo mundo viejo, cargado y arrebatado por las realidades del mal. Por tres veces Jesús repite la entrega a los suyos del nuevo mandamiento, es decir, usa el recurso literario del repetir por tres veces, para subrayar, que es el perfecto, el último, el definitivo. Es una llamada al “infinito” porque al hablar de “amar”, se trata de “amar”, nada menos y nada más, que amar como Él ha amado: “Así deben amarse también ustedes”. En un mundo marcado por el interés, por el goce egoísta, por la indiferencia, por el éxito, Jesús nos propone hoy la “utopía” del amor. Y sus verdaderos discípulos no dudan en afrontar con dramatismo esta propuesta del amor, de la solidaridad, de la donación, convencidos de que ésta sea en realidad la más maravillosa experiencia y el más grande fruto de ser cristianos. Sólo por el “amor” vale la pena seguir la aventura de ser discípulos de Jesús hasta el final, hasta llegar a ver “el cielo nuevo y la tierra nueva”.

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