Caminar Punto de Vista

Que todos te reconozcan

Dime, ¿Estás realmente convencido que tus omisiones, errores y malas acciones te identifican ante el pueblo como un buen hombre, político, profesional y ciudadano?
José Nelson Durón V.
Columnista
La Constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, reflexiona desde su introducción acerca de la situación del hombre en el mundo moderno, haciendo una radiografía, actual todavía a pesar de los casi sesenta años transcurridos desde la convocación oficial por el Papa Juan XXIII, ahora santo. El Papa bueno, consciente de su edad, afirmaba haber sido elegido para emprender, no para llevar a término y, por tanto, le “satisface el solo haber deseado, querido o iniciado”, refiriéndose a la frase del poeta latino Tibulo: Est nobis voluisse satis. Su breve pontificado fue la fuente de la renovación de la Iglesia en los tiempos modernos. El inspirado Concilio desmenuza la multiplicidad de matices sociales, morales e ideológicos que dan color al destino de las gentes y que “alimentan la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias de los que el hombre es a la vez causa y víctima”. Esa multiplicidad, acunada en la profundidad de los deseos humanos y en la voluntad particular de cada uno, desata tormentas imposibles de atenuar mientras no salga el sol de la unión y el bien común, “para que se realice el gran misterio de aquella unidad que Jesucristo invocó con ardiente plegaria al Padre celeste en la inminencia de su sacrificio”.
Somos causa y víctima de las decisiones de unos pocos, que son incapaces de orillarse para unirse al clamor de los que sufren por centurias de egoísmo y cerrazón; cartas lacradas imposibles de abrir so pena de herejías políticas inventadas; impermeables al llanto, dolor y hambre de los hijos de Dios que son perseguidos, ajusticiados y despreciados. Vean, Dios deja hacer, pero no olvida.
“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”. Dime, ¿Estás realmente convencido que tus omisiones, errores y malas acciones te identifican ante el pueblo como un buen hombre, político, profesional y ciudadano? ¿Qué pensará Dios de ti? No sería malo que lo medites.

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