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La asamblea del CELAM nos anima y orienta a un gozoso sentido de comunión eclesial

En el marco de a Asamblea Ordinaria y primera que se lleva a cabo en el Honduras, compartimos algunos detalles brindados a Suyapa Medios (SM) por parte de Su Excelencia Monseñor Ángel Garachana Pérez (AGP) obispo de la Diócesis de San Pedro Sula y Presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH) sobre esta importante reunión de obispos de Latinoamérica.

SM  Como Presidente de la CEH, ¿Cuáles son sus expectativas de esta reunión?

AGP: Para mí la finalidad de las reuniones es triple: evaluar la marcha, acrecentar la unión y proseguir la ruta con renovada motivación y acertada dirección. Según esto espero que podamos hacer una certera evaluación del caminar del CELAM en los cuatro últimos años, sirviéndonos como instrumento del Plan Global 2015-2019. Ahí está descrita la realidad que nos interpela, los núcleos teológicos que nos iluminan, los desafíos y líneas de acción con sus objetivos y programas. La evaluación es necesaria y forma parte de la planificación. Espero que la Asamblea sea un tiempo propicio para crecer en el conocimiento personal de los obispos. Lo primero somos las personas. Y es muy importante que los obispos de los diversos países nos conozcamos. A partir de esta cercanía vendrá también el conocimiento real de la situación de la Iglesia en los diversos países y crecerá una verdadera comunión afectiva y espiritual y podrán brotar diversas formas de ayuda y colaboración. Debemos seguir avanzando en la reflexión, el diálogo y el discernimiento sobre los cambios que se requieren para una eficaz realización de las funciones del CELAM en la actual situación. Los cambios socioculturales que se están dando son rápidos, profundos y globales y están exigiendo de nosotros buenos conocimientos, profundos análisis y discernimiento pastoral que nos lleven a marcar directrices y tomar decisiones pensando en la misión de la Iglesia en el Continente Latinoamericano. Y finalmente tengo la esperanza de que sepamos hacer una buena elección de la nueva directiva para el próximo cuatrienio. Para ello necesitamos oración, dialogo y audacia.

SM ¿Cuáles son las tendencias latinoamericanas que demandan mayor atención de la Iglesia Católica?

AGP: Señalo las tres que considero más determinantes, mirando, sintiendo y viviendo la realidad desde Honduras.

Primera: La realidad de la pobreza, de los pobres, sigue demandando, y con urgencia, la atención cercana y liberadora de la Iglesia Yo no vislumbro a mediano plazo ni los cambios políticos, ni las determinaciones económicas, ni los comportamientos éticos ni las renovaciones estructurales que garanticen una tendencia hacia la erradicación de la pobreza y hacia un desarrollo integral de nuestros pueblos. Hablar de la pobreza es hablar de inequidad social, exclusión, desempleo, falta de atención educativa y sanitaria, migración. La opción preferencial por los pobres debe seguir siendo uno de los  rasgos que marque la fisonomía de la Iglesia latinoamericana (Cfr. Aparecida 391).

Segunda: Uno de los cambios más notables en América Latina a lo largo de la última década es el aumento vertiginoso de los miembros de las distintas Iglesias evangélicas y la disminución del número de católicos. El modelo evangélico predominante de muchos de nuestros países no solo intenta ganar nuevos adiptos sino que se está orientando a posicionarse como una influyente fuerza política. Este cambio confesional es muy fuerte en algunos países y demanda un acucioso análisis de las causas religiosas, psicológicas y sociales de nuestra parte. Un planteamiento pastoral realista no puede desconocer estos hechos, al contrario debe sentirse fuertemente interpelado por ellos.

Tercera: El bien de la familia es decisivo para el futuro de América Latina y de la Iglesia. Son muchos los análisis que se han hecho sobre el matrimonio y la familia. El papa Francisco, recogiendo los aportes sinodales sobre la familia y agregando su propia experiencia, nos ofrece una descripción de la situación actual de la familia en toda su complejidad, con sus luces y sombras. La actual situación, también en América Latina, se caracteriza por cambios antropológicos – culturales que afectan radicalmente a la comprensión cristiana de la vida humana y de la familia, comunión de amor y de vida, engendradora y educadora de nuevas vidas humanas, nuevas personas. Esta nueva cultura implica una manera de pensar; de vivir, de convivir y de legislar frecuentemente contraria a los planteamientos antropológicos, morales y espirituales de la Iglesia. Si tenemos en cuenta el ser y quehacer, insustituibles e irrenunciables, de la familia en la sociedad en la Iglesia, comprenderemos la necesidad de “asumir la preocupación  por la familia como uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia. En toda diócesis se requiere una pastoral familiar intensa y vigorosa para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados” (Documento de Aparecida, 435). “La familia no es el problema sino la oportunidad” (La alegría del amor, 7).

Cabe señalar que el Consejo Episcopal Latinoamérica-CELAM- es un organismo de comunión, reflexión, colaboración y servicio como signo e instrumento del afecto colegial en perfecta comunión con la Iglesia universal y con su cabeza visible, el Romano Pontífice. Creado en el año en 1955, presta servicios de contacto, comunión, formación, investigación y reflexión a las 22 Conferencias Episcopales que se sitúan desde México hasta el Cabo de Hornos, incluyendo el Caribe y las Antillas.