Caminar Punto de Vista

De tal hijo tal madre

Madre mía también, ruega por esta patria; líbrala de los malos actos de sus hijos.
José Nelson Durón V.
Columnista
El vínculo entre madre e hijo se crea desde el momento de la concepción; surge de manera espontánea y crece con el tiempo. Afirman los especialistas que el momento del primer contacto físico y visual entre madre e hijo es fundamental para crear ese vínculo afectivo entre ambos, aunque lo más íntimo de esta relación se da a nivel espiritual, en el preciso momento de la concepción, formando una conexión, si quieren, sicológica, que estimula y acrecienta la autoestima de los niños y favorece el desarrollo de su autonomía y personalidad desde su primera edad. Gracias, Altísimo Dios, por las madres. Bendícelas, álzalas y guárdalas en lo más profundo de tu corazón misericordioso.
El día de la Madre es propicio para reflexionar sobre la Virgen María y la veneración que la Iglesia le exulta desde sus primeros días, aunque la mejor expresión sobre la grandeza de María es la del Ángel Gabriel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. San Agustín escribía: «Virgen al concebir, virgen al dar a luz, virgen con el niño, virgen y madre, virgen para siempre. ¿Por qué te admiras de esto, oh hombre? Dios tenía que nacer de esta manera cuando se dignó hacerse hombre». San Teodoto de Ancira: «Tu diste a luz al Principio que no tiene principio, un niño anterior a todas las edades, el Hijo de la Virgen, el Eterno que se nutre en tu seno; a Aquel que es más antiguo que su Madre…». San Proclo de Constantinopla: “«Oh hombre, recorre toda la creación con tu pensamiento, y mira si existe algo comparable o mayor que la Santa Virgen, Madre de Dios» … En la creación entera, llena de la gloria de Dios, no hay criatura más excelsa, en efecto. No por ella, sino por su Hijo. La grandeza del Señor Jesús y su magnificencia, necesitaron de su santidad, humildad y aquiescencia para acunarse en su corazón desde el momento del Sí, del Fiat, del Hágase, de esa mirada profunda inspirada por el santísimo Espíritu de Dios en las palabras del Ángel Gabriel. Madre mía también, ruega por esta patria; líbrala de los malos actos de sus hijos.

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