Punto de Vista Reflexión

Atacar al Papa es una moda

Estos ataques son, así lo creo, sólo la punta del iceberg de una bien orquestada tendencia.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
La semana pasada, entre todos los temas posibles que surgían en el ambiente producto de las crisis y problemáticas sociales que se van desencadenando, soslayé un tema que me interesaba muchísimo más, pero al cuál debía también darle un poquito más de madurez y oración.
La semana pasada se hizo pública una, llamémosle denuncia, por parte de unos sacerdotes, de los cuáles solo alguno es conocido, sobre todo en los círculos más conservadores del mundo anglosajón, acusando al Papa Francisco de herejía y, como siempre en estos casos, le echan en cara cosas que no tienen “ni pies, ni cabeza”.
Cuando renunció el Papa Emérito Benedicto XVI, recuerdo que en unas declaraciones que di a alguno de los medios, advertí, sin lógicamente saber que sería el cardenal Jorge Mario Bergoglio el elegido como Romano Pontífice, que después de la renuncia de un Papa se generaba en el ambiente de la Iglesia, una especie de inestabilidad muy delicada, porque, una vez que el nuevo Papa, comenzase a tocar los intereses de algunos grupos y, explícitamente me refería a los conservadores, ellos al verse afectados considerarían al nuevo Papa como anti-Papa. Es cierto que se han tardado unos años en sacar las uñas, pero, sinceramente, ya me lo esperaba. La Iglesia no se agota en nosotros, ni en nuestros grupos, ni movimientos. La Iglesia es una familia en la que todos debemos sentirnos parte importante, pero sin colocarnos por encima de nadie.
La doctrina de la Iglesia no la puede cambiar nadie, ni siquiera el Papa porque él es también, hijo de la Iglesia. Por lo mismo y por su proceder, que defiendo a toda costa, considero que, muy por el contrario, sus palabras y sobre todo sus gestos, están mostrándonos el rostro de Cristo. Algunos piensan que, porque andan vestidos de sotana o rezan en latín, son mejores que los demás.
Claro que hay que defender a los no nacidos y claro que el aborto es una abominación, un crimen. Pero pensar en las mujeres que caen en este pecado y buscar ayudarles, no es sino la más pura imagen del corazón de Dios que no quiere alejar a nadie.
Hay algunos grupos en la Iglesia, que pretenden que la única temática que debe estar en los labios de todos son estos temas y el evangelio es un anuncio de la misericordia de Dios, antes que una condena generalizada.
Es evidente que se deben condenar las prácticas contrarias a la moral cristiana, pero debemos ayudar a las personas a vencer sus faltas. No será lanzando anatemas o condenas públicas que lo lograremos. A la oveja perdida se le busca, no se le pretende hacer cambiar a punta de golpes y amenazas.
Estos ataques son, así lo creo, sólo la punta del iceberg de una bien orquestada tendencia. A todo esto debemos responder con una mayor formación y con mucha oración.

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