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Historia de la Virgen de Luján.

Fuente: Diario Clarín

En pleno siglo XVII, Antonio Farías de Sá le encargó a un amigo de Brasil una imagen de la Virgen María. Este hacendado portugués vivía en la ciudad de Córdoba del Tucumán (actual Córdoba, entonces parte del Virreinato del Río de la Plata), pero su intención era exponerla en una capilla que formaba parte de una estancia suya en Sumampa, en la actual provincia Santiago del Estero.

La imagen de la Virgen María llegó al puerto de Buenos Aires en marzo de 1630 y desde allí inició su camino al destino final en una carreta tirada por bueyes. Sin embargo, según se registra en el libro De la frontera a la Villa de Luján. Los comienzos de la gran Basílica (1890-1899), este vehículo quedó varado al llegar al paraje denominado “Árbol solo”, a orillas del río Luján, en la actual provincia de Buenos Aires.

Creyendo que se trataba de un problema del peso de la carga, quienes manejaban la carreta quitaron varios bultos, pero los bueyes no se movían. Hasta que bajaron la caja que contenía la imagen de la Virgen. Para su asombro, los animales sólo se movían para seguir viaje si la Virgen quedaba en ese lugar. Fue uno de los esclavos que transportaba a la virgen quien advirtió que la Inmaculada Concepción quería quedarse en esas tierras. Entonces, no se dudó más: se interpretó esto como una señal divina de que debía permanecer allí.

Su primer santuario se inauguró en 1763. Pero más tarde, el 8 de mayo de 1887, el Papa León XXIII decidió coronarla como “Nuestra Señora de Luján”, dando origen a su festividad anual.