Caminar Punto de Vista

El primer Papa

Tú sí eres quien podrá sentar las bases para que mi Iglesia perviva por los siglos, hasta que yo vuelva. Bien amigo mío, quedas a cargo.

José Nelson Durón V.
Columnista
Por tercera vez se les aparecía Jesús a sus discípulos; esta vez, estaban siete de los Apóstoles junto al lago de Tiberíades y Pedro dice: `Voy a pescar´. Animosamente, todos exclaman: `Vamos contigo´. Suben a la barca y van a pescar, aunque terminan desilusionados porque ya amanecía y no habían pescado nada.

De repente, el Señor aparece y sus palabras demuestran una conmovedora familiaridad con sus amigos: “Muchachos, ¿han pescado algo?” y la respuesta es apesarada: `no´. Les dice cómo y pescan tanto que la red casi se rompía al halarla entre todos a la barca. Al desembarcar, ven una fogata, un pez sobre las brasas y pan. ¿Cómo obtendría Jesús el pez? Les dice: traigan lo que pescaron. Y aquí sucede algo maravilloso: Pedro sube a la barca y saca él solo la red para traerla a tierra; no se rompe, claro, pues es Pedro, capaz de conducir la pesca, la Iglesia, por sí mismo. Y dice Jesús: “Vengan y coman”. Así, sencillo, como un amigo entrañable dispuesto a saciar el hambre de todos. Allí sí reconocieron al Señor que da vida y alimenta.

Es muy estrecha la interrelación entre el Señor Jesús y Pedro, como puede deducirse del énfasis que pone el primero en la autoridad que concede al primer Papa de la Iglesia. Y es que Pedro debe haber sido uno de los más humildes de sus apóstoles, a pesar del carácter que se le atribuye. Hasta pidió ser crucificado de cabeza por respeto a nuestro Salvador.

Esta vez, el Señor procede a perdonar tres veces a quien le negó tres veces. Son enternecedoras las respuestas de Pedro al Señor que le pregunta: “Pedro, ¿me amas?”; humilde, contesta: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Cada vez, el Señor Jesús le ha pedido: “Apacienta mis ovejas”, que sabe también a autoridad concedida a una persona en especial; ´dirige mi grey; vi cómo sacaste esa red sin inmutarte y no se rompió, contra todas las posibilidades. Tú sí eres quien podrá sentar las bases para que mi Iglesia perviva por los siglos, hasta que yo vuelva. Bien amigo mío, quedas a cargo´.

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