Diócesis La Ceiba

La luz de la resurrección palpó las costas ceibeñas

Esta es la celebración del momento más importante en la Iglesia.
Rolando Obando | http://www.suyapamedios.com
Monseñor Miguel Lenihan, junto al padre Henry Asterio de la Diócesis de San Pedro Sula, presidieron la Vigilia Pascual en la Catedral San Isidro de La Ceiba. Durante la Vigilia Pascual se realizan tres actos importantes que inician con la celebración del fuego en donde el sacerdote bendice el fuego y enciende el Cirio Pascual. En este acto se entona el Pregón Pascual que es un poema escrito cerca del año 300 que proclama que Jesús es el fuego nuevo.

Música El coro San Isidro, fueron los encargados de pregonar cada salmo, el canto melodioso de cada participante estremecía los corazones de los presentes en el interior de una Catedral que lucía completamente a oscuras, esperando la llegada de esa nueva luz que ilumina no solo el interior de la Iglesia, sino el interior de cada cristiano, que confía y cree en ese Dios vivo.

Sentido El estar en la oscuridad hacía recapacitar y meditar a todos los presentes, mientras Monseñor Miguel Lenihan, encendía y bendecía el fuego en la esquina conocida como la Cruz del Perdón, ahí mismo cientos de fieles, escuchaban cada palabra y se prestaban para caminar junto a su obispo hacia la Catedral momentáneamente como sabiendo Dios, lo que ocurría en ese momento, también desde lo alto envió un rocío de agua, bendiciendo ese fuego y a todos los presentes, mientras Monseñor Lenihan, caminaba con la luz del Cirio Pascual, con la luz de las velas y entonando cánticos. El ambiente se tornó lleno de magia y espera, en una vigilia de casi cuatro horas, mientras las luces de la Catedral se encendían y las imágenes eran develadas junto con los arreglos del altar, celebrando la buena nueva de Jesús vivo.

Bautismos De igual manera se bendijo el agua, y se bautizaron 14 nuevos cristianos, así mismo Monseñor Lenihan, junto con el sacerdote Henry, se dispusieron a rociar con agua bendita a todos los presentes, caminando de banca en banca, todos querían recibir esa bendición.

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