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LAS 7 PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ SU SIGNIFICADO

 

Hace más de 2000 mil años, un hombre humilde ha marcado el destino de nuestras vidas, Jesús. Vino a la tierra a darnos la mejor enseñanza de amor; a pesar de las humillaciones, todo soporto por los hombres de la Tierra, fue tal su amor que no le importo morir en la cruz.

Esta semana se recuerda aquel doloroso episodio, en donde dio su vida por nosotros. Este es un homenaje para él, aquel ser divino que a pesar de nuestros errores y pecados nos acepta como somos y nos tiende la mano incondicionalmente, gracias a él nunca estamos solos.
* Las tres primeras palabras expresan la necesidad de Cristo de morir derramando luz en torno a Si mismo. En ellas pide perdón para quienes le crucifican, abre las puertas de la salvación a uno de los crucificados con Él, y entrega a los hombres el impagable regalo de su Madre.

* Siguen dos palabras en las que describe sus sufrimientos en esta hora: el vértigo moral de su desgarradora soledad, el sufrimiento físico de la sed…, y la otra “sed” la sed insaciable de amor.

* Las dos últimas, pocos segundos antes de la muerte, desbordan la total paz que le habita. Ahora puede regresar al diálogo sereno con su Padre, a lo que fue siempre el centro absoluto de su vida.

Padre, perdónales porque no saben lo que hacen

Según la narración del evangelista es la primera palabra pronunciada por Jesús en la cruz. Jesús se ve envuelto en un mar de insultos, de burlas y de blasfemias; lo hacen los que pasan por el camino, los jefes de los judíos, los soldados, etc.
Jesús no solo perdona, sino que pide perdón de su padre para los que lo han entregado a la muerte; para Judas que lo ha vendido; para Pedro que lo ha negado; para los han gritado que lo crucifiquen.
y no solo pide perdón por ellos sino que por todos nosotros; para que todos los que con nuestro pecado somos el origen de su condena y crucifixión.

Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso

Sobre la colina del calvario había otros dos cruces. El evangelio dice, que junto a Jesús, fueron crucificados dos malhechores. Uno de los malhechores se sintió impresionado al ver a Jesús y le hace la súplica: “Jesús acuérdate de mí cuando estés en tu reino”.
Jesús le promete el paraíso para aquel mismo día.

Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?

Son casi las tres de la tarde en el Calvario y Jesús está haciendo los últimos esfuerzos. Sus ojos están borrosos de sangre y sudor. La exclamación de desesperación de Jesús refleja el peso del pecado de la humanidad, para sentir como hombre el pecado, ponerse en lugar de los pecadores, sintiendo en carne propia un real abandono de parte de Dios.

Mujer, ahí tienes a tu hijo. He ahí a tu Madre

Junto a la cruz también estaba María, su madre.
Al ver Jesús a su madre, presente allí, evoco toda una estela de recuerdos gratos que habían vivido juntos en Nazaret, en Caná, en Jerusalén. Jesús en la cruz le va confiar a María una nueva maternidad.. Dios eligió desde siempre para ser madre de Jesús, pero también para ser Madre de los Hombres.

Tengo sed

«Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: “Tengo sed”. Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca». El dijo estas palabras para que se cumpliera la escritura.
Es la expresión de un ansia de Cristo en la cruz. Se trata, en primer término, de la sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los crucificados. La palabra está tomada de los salmos 68,22 y 21,16. Se interpreta en sentido alegórico: la sed espiritual de Cristo de consumar la redención para la salvación de todos y nos evoca la sed espiritual que Cristo experimentó junto al pozo de la Samaritana

Todo está cumplido

Es el grito triunfante del vencedor. Estas palabras manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que se le había enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

Esta palabra expresa la oblación de la propia vida, que Jesús pone a disposición del Padre. En Cristo toda se había cumplido, sólo quedaba morir, lo que acepta con agrado y libremente.