Buenas Nuevas

“Vete y en adelante no peques más…”

PALABRA DE VIDA
A las puertas de la Semana Santa, más que claro la gran llamada de la Iglesia a entrar “míseros” a ella para experimentar la más rica misericordia.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
Con el texto que absuelve a la mujer adultera en la boca de Jesús mismo, este domingo afirma que la cuaresma no es sólo contrición, no es sólo evocación de un pecado que incumbe y humilla al hombre, no sólo destrucción de un pasado infame; es también y sobre todo esperanza alegre de liberación, es perdón, fuente de paz y es tendencia encaminada a un destino nuevo y mejor. En el centro del relato está un pecador, infeliz, humillado y condenado por todos, y más despreciado por el hecho de ser mujer: no olvidemos que el adulterio era castigado en el Antiguo Oriente, sólo en la mujer y nunca en el hombre. Ponen a Jesús a prueba al solicitar su respuesta de condena favorable para ellos y condena capital para la mujer. Las palabras de Jesús, lejos de ser profundamente sabias, están cargadas de profunda humanidad: “¡El que de ustedes está sin pecado que tire la primera piedra”. El silencio invade la plaza. Ahora los protagonistas son sólo ellos dos, la mujer y Cristo. Como dice maravillosamente san Agustín que conoce el pasaje: relicti sunt duo: miseria et misericordia. Han quedado dos: la mujer mísera y la misericordia por excelencia, es decir, Cristo. El diálogo final entre Jesús y la mujer son fundamentales para comprender lo que realmente ha acontecido, el perdón vence y es experiencia de liberación total, con él, la mujer desde su profunda experiencia podrá no “volver a pecar”, porque en vez de hundirla más este encuentro de gracia que se da en el perdón, y que da Jesús, la libera de toda estigma, la hace revivir de la fosa de la muerte y le hace comprender que “entre el Cordero de Dios y la miseria del hombre pecador no existe abismo que la misericordia divina no pueda colmar”. A las puertas de la Semana Santa, más que claro la gran llamada de la Iglesia a entrar “míseros” a ella para experimentar la más rica misericordia.

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