Buenas Nuevas

“Vengo a buscar higos…”

PALABRA DE VIDA
En definitiva, quien ha recibido mucho debería estar ya en la capacidad de producir el ciento por ciento, de lo que ha recibido.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
Llegados a la tercera semana de la Cuaresma, entramos a través del texto sagrado a la comprensión del nombre de Dios, en el capítulo 3 del libro del Éxodo. En todo el mundo semítico el nombre es la realidad misma que con el nombre se indica todo el ser y la fuerza de una persona: “Yo soy el que soy” dice Dios de sí mismo, como nombre a Moisés. Él no elige un sustantivo sino un verbo, es decir, es una forma activa y no estática e inerte, como lo es cambio un ídolo. Y, de esta realidad activa Él, nuestro Dios, ha “bajado” para liberar a su pueblo de la opresión de Egipto. Liberación que se verá en acto, cuando hará que ese pueblo pase por en medio de las aguas del mar, pasando así de la esclavitud a la libertad. Pero éste pueblo que ha visto cuanto Dios ha hecho por ellos, dándoles sobre todo el don de la vida en libertad, vivirá en su camino por el desierto la “murmuración”, evocado hoy por san Pablo en la segunda lectura: se trata del verbo bíblico característico para indicar la incredulidad, el rechazo, la desconfianza, la inconformidad. Por eso ya en la novedad del Nuevo Testamento, la parábola de Jesús recurre al simbolismo de los frutos que no se encuentran en el árbol frondoso. En definitiva, quien ha recibido mucho debería estar ya en la capacidad de producir el ciento por ciento, de lo que ha recibido, pero la historia revela por el contrario, la aridez interior que no se mueve ni siquiera ante la voz y las acciones de Dios. Jesús una vez más, se dirige hacia el mensaje personal: de la historia hay que sacar una lección de conversión. He aquí la palabra decisiva “convertirse”, en el original griego indica “cambiar de mentalidad”, elecciones, juicios, decisiones (metanoein). Jesús no quiere hoy arrullarnos en el capullo caluroso de una religiosidad sentimental y consoladora sino que nos lanza a la cara la seriedad del compromiso personal y vital que exige la fe.

A %d blogueros les gusta esto: