2019 En el Mundo Iglesia Noticias

La Anunciación de la Santísima Virgen María


El 25 de marzo celebramos con alegría el misterio del anuncio a María. La Anunciación del ángel a María marca el comienzo de la redención humana. Con su “Sí”, María divide la historia de la humanidad en antes y después, en viejo y nuevo. 

Al aceptar el plan de Dios, María entra totalmente en la alianza de Dios con su pueblo: a través de ella, el Hijo de Dios se hizo hombre, encarnado en su tiempo y presente y activo por toda la eternidad. María se convierte en co-redentora, participando en la redención de la humanidad. 

Con la Fiesta de la Anunciación, la Iglesia quiere celebrar este momento único en que Cristo comienza a crecer en el seno de María. La adolescente que cuestiona el ángel, porque no entendía cómo esto puede suceder  capta en las palabras del ángel la certeza de Dios y de su verdad. Así, abre su corazón y su cuerpo al extraordinario de Dios: una virgen genera la vida, misterio insondable de Dios, revelación suprema de su poder, haciendo posible lo que es imposible para el hombre. 

Esta gran fiesta tomó su nombre de la buena nueva anunciada por el arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, referente a la Encarnación del Hijo de Dios. Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, afín de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones.

El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su Fíat. En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra.

En ese instante el alma de Jesucristo producida de la nada empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es acogida para cooperar con su libre consentimiento.