Punto de Vista Reflexión

Comenzando la Cuaresma

Nuestra realidad ocupa seriedad y no disfraces. Se ocupa de gente con fe y no de personas que hasta usen la cruz de cenizas sobre su frente como un disfraz.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Lo irónico de la vida, de la historia, de las culturas y de nuestro sentido social; es que, en muchas partes del mundo, incluso las menos lógicas, en estos días, mientras nosotros iniciábamos la Cuaresma, en otras partes se celebraba el “carnaval”. Claro, el más famoso, desbancando a los originales venecianos o a los mardí-gras franceses, es el de Río de Janeiro. El de este año tuvo la “brillante” característica que el diablo acabo con Jesús, en la representación de una de las escuelas de Samba. De eso se ocuparon los medios y no de la Cuaresma. Más allá del necesario respeto por las acciones y personalidades de cada ser humano; más allá, de la necesaria apertura de mente, de sana convivencia; lo que no deja de sorprenderme es la facilidad con la que nuestras sociedades tienden a perderse en un mar de desenfrenos, abusos y bacanales. Nada malo hay en la sana diversión, en la necesidad del descanso. De hecho, saber descansar, es casi un arte. Sé que parece un poco extraño que haya comenzado mi columna de hoy con una reflexión sobre el “carnavalismo”.
Recorran nuestros periódicos y lo notarán. Las primeras páginas de ellos están dedicadas a cubrir las cosas más importantes de la vida.
Se habla de política, de peleas de herencias, de los mil y un muertos que siguen pululando por todas partes. Se habla de fútbol, de equipos eliminados, de alguna droga incautada, cuando ya de por sí la política y el deporte es una droga en nuestro tiempo.
La vida es un carnaval. Se sigue matando a Cristo y se piensa que ese es un show digno de ser publicitado. Se sigue echando a Dios fuera de la vida familiar, de las decisiones de nuestros dirigentes, de la vida de todos. Lo que refleja ese “paso” de la escuela de Samba es que la tentación de los hombres, la eterna tentación sigue en pie: queremos sustituir a Dios, quitar a Dios de en medio.
Ojalá y la Cuaresma nos recuerde que no nacimos por darle vueltas a una repetición vacía de nuestra historia personal y comunitaria. La Cuaresma es darle vuelta a nuestra vida, para recuperar el sentido de aquello para lo que efectivamente nacimos. Comenzamos imponiéndonos cenizas pero para recordar de donde venimos, no donde debemos quedarnos y menos hacia donde debemos encaminarnos. Lo caduco de este mundo, el sin sentido al que nos vemos sometidos no puede nunca llenar los vacíos que hay en el corazón del hombre. No puede. No debe.
Quiera Dios que esta visión carnavalesca desaparezca de nuestro corazón. Nuestra realidad ocupa seriedad y no disfraces. Se ocupa de gente con fe y no de personas que hasta usen la cruz de cenizas sobre su frente como un disfraz para tapar sus fechorías.

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