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El Papa Francisco y la Iglesia que quiere después de tantos abusos

Quiere que todas las “Actividades y lugares de la Iglesia sean siempre plenamente seguros para los menores”; que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan “Crímenes similares; que la Iglesia vuelva a ser absolutamente creíble y confiable en su misión de servicio y de educación de los más pequeños” según la enseñanza de Jesús”, así lo dijo en su mensaje del Ángelus, antes cientos de peregrinos de Roma  y el mundo; presentes en la Plaza San Pedro en el Vaticano.

“Hemos tomado conciencia de nuestras responsabilidades”, de nuestro deber de hacer justicia en la verdad, de rechazar radicalmente todas las formas de abuso de poder, de conciencia y sexual”, acotó Su Santidad.

A continuación el texto del mensaje final del Papa Francisco, luego de la oración del Ángelus.

Esta mañana, ha terminado aquí en el Vaticano un encuentro muy importante sobre el tema de la protección de los menores. Estaban convocados los patriarcas, los presidentes de todas las Conferencias episcopales, los jefes de las Iglesias Católicas Orientales, los representantes de los Superiores y las Superioras de las congregaciones religiosas y varios de mis colaboradores en la Curia romana.

Como sabéis, el problema del abuso sexual de menores por parte de miembros del clero ha suscitado durante mucho tiempo un grave escándalo en la Iglesia y en la opinión pública, tanto por los dramáticos sufrimientos de las víctimas como por la injustificable falta de atención hacia ellos y la cobertura de los culpables por parte de personas responsables en la Iglesia.

Papa Francisco meditando
Papa Francisco realizó un breve balance del Encuentro sobre la Protección de Menores

Dado que es un problema difuso en todos los continentes, quise que lo abordásemos juntos, de manera corresponsable y colegial, nosotros, los pastores de las comunidades católicas de todo el mundo. Hemos escuchado la voz de las víctimas, hemos orado y le hemos pedido perdón a Dios y a las personas ofendidas, hemos tomado conciencia de nuestras responsabilidades, de nuestro deber de hacer justicia en la verdad, de rechazar radicalmente todas las formas de abuso de poder, de conciencia y sexual.

Queremos que todas las actividades y lugares de la Iglesia sean siempre plenamente seguros para los menores; que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan crímenes similares; que la Iglesia vuelva a ser absolutamente creíble y confiable en su misión de servicio y de educación de los más pequeños según la enseñanza de Jesús.

De esta manera sabremos colaborar con todo nuestro corazón y con eficacia, junto con todas las personas de buena voluntad y todos los componentes y fuerzas positivas de la sociedad, en todos los países y en ámbito internacional, para que se combata hasta el final, en todas sus formas, la gravísima plaga de la violencia contra cientos de millones de menores, niñas y niños, chicas y chicos, en todo el mundo.

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