Punto de Vista Reflexión

Nepotismo

La misma legislación interna de las instituciones debería regular que se den abusos. Cuando se pasan por alto esas normas entramos en una espiral muy riesgosa de inconformidad, reclamos legítimos y abuso.Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
En las últimas semanas ha vuelto a surgir este término en el ambiente nacional y, más allá de los miles de “memes” que han inundado las redes sociales, así como los ya conocidos golpes de pecho hipócritas de aquellos que en el pasado tuvieron una práctica idéntica y ahora la condenan, el fenómeno debe llamarnos la atención a todos, dado que en todos los espacios de la vida social se corren los mismos riesgos. El nepotismo, el término, comenzó a tener una mayor relevancia en la época de la presencia de los Papas en Avignon durante el s. XIV. Incluso se estilo hablar de un cardenal nepote, para indicar que tenían derecho a nombrar a alguien de su familia en un cargo de su absoluta confianza. Lo que pasa es que, con el paso del tiempo, el término “familiares del Papa” no refería única y exclusivamente a los familiares de “sangre” sino a los allegados a la vida del Romano Pontífice. Aunque algunos historiadores han querido subrayar que muchos de los “nepotes” llegaron a ser grandes santos, lo cual es absolutamente cierto, la práctica fue desechándose porque eran muchísimos más los inconvenientes que los, así llamados, beneficios. Como siempre, en la Iglesia, fuimos aprendiendo a modificar conductas que coartaban el mismo desempeño transparente del ejercicio de nuestro ministerio. Es por eso que muchas veces, por nuestra historia doblemente milenaria, podemos opinar con el afán de ayudar, corregir y sanar.
En Honduras, tenemos una carencia de empleos increíble. No se generan, no hay oportunidades y muchas veces se alcanzan posiciones a “puro cuello”. Duele mucho ver a personas con capacidades extraordinarias, con “Hojas de Vida” impolutas, con preparación suficiente, dejadas al margen porque no tienen la “firma” necesaria o porque no tienen un número de celular de nadie que les eche una buena palanca. El padrinazgo, es un fenómeno que nos ha herido por décadas y se han contratado en las entidades públicas a personas carentes de competencia y, cuando no, miembros honorarios del batallón de Támara, es decir “aerotransportados”. Si me permiten, sin pretender hacer ningún juicio de valor sobre ninguna situación particular. El nepotismo, el padrinazgo y las canonjías son sin duda elementos propios de un mundo corrupto, cuando no se piensa en la competencia que se requiere en las diferentes instituciones, sea de ámbito civil, privado o eclesiástico. Ahora bien, la misma legislación interna de las instituciones debería regular o regula, que se den abusos. Cuando se pasan por alto esas normas entonces entramos en una espiral muy riesgosa de inconformidad, reclamos legítimos y abuso. La sensación es que no hay salida por ninguna parte. Todos están coludidos, todo se maneja bajo los criterios de los partidos o de los líderes de los mismos y aunque algunos piensan que son noticias que duran dos días a lo sumo, lo cierto es que hieren y acumulan dolor. Es urgente que sea la “meritocracia” la que prevalezca, no la plutocracia y menos la autocracia.

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