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¿Quiénes NO pueden comulgar?

La posibilidad de comulgar la pierde, quien pierde la gracia de Dios. No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave (canon 915).

Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes (canon 916)
Quienes se han casado y se separan, y hacen divorcio civil, y comienzan una nueva relación de pareja, se excluyen a sí mismos de la comunión eucarística, al comenzar una vida en adulterio.

Conviene que quienes han incurrido en esa situación, sometan su matrimonio católico a estudio de nulidad y si se encuentran las causales tal vez por esa vía, podría recuperar la oportunidad de ser nuevamente admitido a la comunión eucarística. Sin embargo, hasta que la autoridad eclesiástica competente, bien sea el Tribunal Eclesiástico o el Obispo diocesano, no hagan una declaración de nulidad, nadie puede ser admitido nuevamente a la comulgar.

Se debe tener en cuenta que, si el matrimonio fue celebrado válidamente, ninguna autoridad eclesiástica le dará nulidad matrimonial y no será nuevamente admitido a comulgar hasta que cese el adulterio.

De otra parte, “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae (cf. Canon 1398). Es decir que, sin que haya declaración de la excomunión, ya queda excomulgado.

 Y este obviamente no puede recibir los sacramentos incluyendo la comunión eucarística, hasta que no haya hecho un verdadero camino de arrepentimiento y reparación de acuerdo a su responsabilidad y realidad personal, y, se le haya removido la pena canónica de excomunión. Dicha pena cobija a quienes de manera consciente eligen abortar, a quien lo practica y a quienes sabiendo el mal que hacen participan activamente para que se lleve a cabo.

El Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica de la Santa Sede, Arzobispo Raymond L. Burke, En una entrevista concedida a la revista Radici Cristiane (Raíces Cristianas) en el año 2008, precisó que los católicos, especialmente los políticos que públicamente defienden el aborto, no deben comulgar. Se refirió también a la responsabilidad de caridad que tienen los ministros de la comunión, de negársela si es que la solicitan “hasta que haya reformado la propia vida”.

Tras comentar además que entre los fieles se ven a veces actitudes de irreverencia al recibir la Comunión, el Arzobispo destacó que “recibir indignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo es un sacrilegio. Si lo hace deliberadamente en pecado mortal es un sacrilegio”.

“Si tenemos un pecado mortal en la conciencia, debemos primero confesarnos de ese pecado y recibir la absolución, y sólo después acercarnos al Sacramento Eucarístico”, resaltó.

“Si una persona que ha sido amonestada persiste en un pecado mortal público y se acerca a recibir la Comunión, el ministro de la Eucaristía tiene la obligación de negársela. ¿Por qué? Sobre todo, por la salvación de la persona misma, impidiéndole realizar un sacrilegio”, agregó.

El Prelado vaticano indicó luego que negar la Comunión en estos casos impide que se genere el escándalo; ” un escándalo referente a nuestra disposición para recibir la Santa Comunión”. Es decir, dijo, “se debe evitar que la gente sea inducida a pensar que se puede estar en estado de pecado mortal y acercarse a la Eucaristía. En segundo lugar, podría existir otra forma de escándalo, consistente en llevar a la gente a pensar que el acto público que esta persona está haciendo, que hasta ahora todos creían que era un pecado serio, no lo es tanto si la Iglesia le permite recibir la Comunión”.