Editorial

Un mensaje vivificante

Editorial dfel Domingo 10 de Febrero de 2019
Un mensaje vivificante
Debemos ser una Iglesia que camine únicamente tomada de los brazos del Crucificado, su real fortaleza. Y esto se traduce en signos concretos, que son actos evidentes de amor.

La participación del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada hace pocos días en Panamá, es un hecho trascendental, en la vida de la Iglesia del istmo centroamericano. Como también la comunión con el resto de Diócesis provenientes de no solo del continente americano, sino que del mundo entero.
También por el gran número de miembros de la Pastoral Juvenil que asistieron, y por el protagonismo de un Pontífice latinoamericano, que conoce y entiende los problemas del continente. Un acontecimiento sobresaliente fue su mensaje a los Obispos de Centroamérica, a los 75 años de haberse constituido el SEDAC (Secretariado Episcopal de América Central) espacio de comunión y coordinación de los obispos del istmo. Y señaló como uno de sus frutos a San Óscar Romero, cuyo lema: ”Sentir con la Iglesia” debe ser hoy una inspiración para todo Obispo, pues a él lo guió a su ofrenda martirial.
El mensaje estuvo orientado a pedir a los pastores, una atención preferencial para los jóvenes, pues representan la fuerza de estos pueblos. Una fuerza actual y no del futuro: Una fuerza capaz de gestar la revolución que puede destruir los grandes poderes del mundo. Esta es la que ha sido llamada “revolución del servicio”.
Pidió a los pastores que roben a los jóvenes “a la calle”, antes que sea la cultura de muerte que “vendiéndoles humo” y mágicas soluciones, se apodere de su inquietud y de su imaginación. Habló sobre hogares resquebrajados, tantas veces, por un sistema económico que no tiene como prioridad las personas y el bien común y que hizo de la especulación “su paraíso” para seguir “engordando”, sin importar a costa de quien. Así los jóvenes sin hogar, sin familia, sin comunidad, sin pertenencia, quedan al acecho del primer estafador que se les presente.
“La migración en Centroamérica, se ha vuelto novedosa, por ser masiva y organizada, y que ha puesto en evidencia los motivos que la hacen una migración forzada y además los peligros que entraña para la persona humana” (SEDAC).
El Papa Francisco expresó que en cuanto a migraciones, la Iglesia Católica por ser universal, puede ofrecer hospitalidad fraterna y aco gedora para que las comunidades de origen y de destino dialoguen, contribuyan a superar miedos y recelos, y consoliden los lazos que las migraciones, en el imaginario colectivo, amenazan con romper. “Acoger, proteger, promover, integrar” pueblos, pueden ser los verbos que conjugue la Iglesia, en esta situación migratoria, como una buena madre en el hoy de la historia.Cuando se tienden puentes entre comunidades eclesiales, parroquiales, diocesanas, y Conferencias Episcopales se está haciendo un gesto profético de la Iglesia que en Cristo es “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y la unidad de todo el género humano” (Lumen Gentium).
La palabra autoridad (la que tiene el Obispo) significa: aumentar, promover, hacer progresar. De manera que la autoridad del pastor debe ayudar a crecer y promover a sus presbíteros, más que en promoverse a sí mismo. Su alegría debe estar centrada en que sus hijos crecieron y han sido fecundos, produciendo abundantes frutos.
San Ignacio de Loyola escribió: “la pobreza es madre y muro”. “Madre”: porque invita a ser fecundos, a la capacidad de donación que no tiene un corazón avaro y acumulador. “Muro”: porque evita caer en mundanidad espiritual, una de las tentaciones que sufren los consagrados. Una Iglesia cada vez más libre porque está centrada en la Kénosis o sea el “vaciamiento” del Señor Jesús (de su propia voluntad), quien se dio por entero por la salvación de la humanidad, siendo receptivo a la voluntad del Padre. Debemos ser una Iglesia que camine únicamente tomada de los brazos del Crucificado, su real fortaleza. Y esto se traduce en signos concretos, que son actos evidentes de amor.
El Señor Jesús afirmaba: “Todo aquel que hace la voluntad de Dios….ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.

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